martes, 10 de junio de 2008

DIA DE PISCINA


AVENTURAS Y DESVENTURAS DE LA BABOSA MILAGRITOS



DÍA DE PISCINA


El Presidente de la Comunidad del jardín de Milagritos, Don Manuel el Arrendajo, dio permiso para que se abriera la piscina el día primero de Julio y todos los habitantes estaban la mar de contentos esperando el Domingo para estrenar sus trajes de baño, sus toallas, sus gafas de sol y sus sombreros de paja. Y todas las señoras llenaron la tienda "Todo es un Chollo" del Topillo Pitymy para hacer allí las compras y atiborrar sus bolsos de cremas "aftersun" que nadie sabía porque se llamaban así pero que era con lo que se tenían que embadurnar antes de exponerse al sol del verano.

Milagritos que ya le había echado el ojo a un bikini rosa chicle chillón, exportado de París, fue la primera que entró en la tienda aquella mañana de sábado. Se había levantado a las cinco de la mañana porque quería ser la primera de la cola a la espera de que el Topillo abriera la puerta y cuando entró, se fue como una flecha a por su bikini, a la estantería donde estaban los trajes de baño. La verdad es que casi se queda sin él porque una de las cochinillas del grupo de limpiadoras del jardín que ya comenzaba a hacerse un poco vieja, quería aprovechar sus últimos momentos hermosos para lucirse en la piscina y ambas al mismo tiempo se hicieron con el bikini.

-¡Qué es mío!- gritaba Milagritos.

-¡Yo lo he cogido primero!-chillaba la cochinilla vieja.

Y tira de aquí y tira de allá, cada una por un lado, casi se quedan las dos sin bikini porque poco faltó para que lo hicieran pedazos. Pero Pitymy que estaba muy al tanto de lo que pasaba en la tienda porque sabía que cuando se juntaban tantas señoras a comprar aquello era el desbarajuste, se acercó muy amable y dijo:

-¿Por qué no compra una de ustedes ese bikini recién llegado de Dinamarca? Es de lo más sexy y es la última moda.

Milagritos que vio que también era de color rosa, se fue a por él como una fiera y, por esa suerte que a veces se tiene en la vida, lo consiguió antes que la cochinilla. Lo miró, lo remiró y se quedó con él. Eso de que era el último grito en bikinis, le daba mucho tono a la compra.

El problema llegó cuando se lo probó en casa. Como con las prisas no se fijó mucho en la talla y se había puesto ya un poco más gorda de lo normal, tuvo que apretar mucho los michelines para colocarse el bikini y cuando salió de la habitación para que la viera Tadeo, éste casi se desmaya.

-¡¿Pero qué haces medio en cueros, Milagritos?!- le dijo muy asustado.

-Pero Tadeo, ¡no seas antiguo! Es un bikini recién llegado de Dinamarca, la última moda.

-¡Será la última moda!- le respondió Tadeo muy enfadado - pero para que se lo ponga la abubilla Felicitas que parece un palillo de tocar el tambor pero.. ¡tú Milagritos! ¿Te has mirado al espejo? - Y para no ofenderla demasiado porque vio que los ojos se le llenaban de lágrimas, se calmó un poquito y poniéndose otra vez las gafas para seguir leyendo el periódico, murmuró por lo bajini -¡... es que estás un poco gorda...!

Milagritos que se veía chulísima con aquel exiguo bikini, al final se tragó las lágrimas y no le hizo caso a Tadeo y entonces pensó que le faltaban unas chanclas que hicieran juego con el bikini y allá se fue corriendo a la tienda "Todo es un Chollo" a por sus chanclas que al final las tuvo que comprar de color verde porque rosas ya no quedaba ni una. Pero bueno, no le importó demasiado porque sabía que, en cuanto entrara en la piscina se las iba a quitar.

Total, que llegó el domingo. A las nueve de a mañana ya había cola para entrar a darse el primer chapuzón. Tadeo y Milagritos con sus niños, Fidelio y Maritere, eran los terceros, cosa que a Milagritos no le hizo mucha gracia y le dijo a Tadeo que hiciera valer su título de Alcalde para que le dejaran entrar el primero. Menos mal que el Caracol Tadeo que era muy sensato, no le hizo caso y se quedó esperado en la cola como cada quisque hasta que le tocara el turno para entrar. El problema estuvo cuando Milagritos se quitó los pantalones y el blusón de verano y se quedó en bikini. ¡Madre! El pobre Tadeo no sabía donde mirar, se quedó con su bañador de flores exóticas sentadito en la tumbona, se puso rápidamente las gafas de sol, desplegó el periódico y se puso a leer esperando no oír demasiadas risas o comentarios jocosos sobre la señora alcaldesa. ¡Ay, qué apuros pasó el pobre caracol Tadeo!
Sin embargo, Milagritos, tan campante, con chichas por aquí y por allá, comenzó a pasearse alrededor de la piscina luciendo su bikini de última moda, hasta que al pasar por delante de los hijos de la Oruga Doña Pelitos que ya sabemos eran un poco gamberretes, oyó las risas disimuladas y algún comentario que decía:

-¡Vaya morcillas más hermosas las de la señora Alcaldesa!

¡Ay como se puso de avergonzada! Se tiró de cabeza al agua y comenzó a bucear sin querer salir, hasta tal punto, que Don Martín Pescador que era el vigilante de la piscina y no la perdía de vista porque tardaba en subir a la superficie, echó los salvavidas a la piscina, tocó el pito de alarma y se zambulló en busca de Doña Milagritos a la que sacó boqueando como un pececito.

El Caracol Tadeo, descompuesto, se acercó con la toalla más grande para envolver en ella a Milagritos porque, además de que el bikini le quedaba pequeño, encima, se había encogido con el agua ya que era de mala calidad y eso de que era la última moda llegada de Dinamarca, era una bola como una casa que se había inventado el Topillo Pitymy para vender el diminuto bikini.

Así que, Tadeo abrazó a su Milagritos que tiritaba como una hoja, y dejando a sus dos hijos al cuidado de la Ardilla Petigris y la Liebre Enana que al ver la situación delicada se ofrecieron para cuidarlos, se llevó a Milagritos a su casa para prepararle una tisana bien caliente y meterla en la cama un ratito con el pijama de felpa que era con lo que estaba más guapa.

Pero aquel suceso enfadó mucho al Caracol Tadeo porque él amaba mucho a su Milagritos, eso ya lo sabéis y que se llevara aquel disgusto que casi le cuesta la vida por unas risitas de los gusanitos de Doña Pelitos, no le hizo ninguna gracia. Así que les puso una multa por gamberros y maleducados y los castigó a limpiar la piscina durante todo el verano.

Milagritos dejó de ir a la piscina durante el mes de julio porque le daba mucha vergüenza pero en Agosto como hacía un calor de infierno, se puso un traje de baño completo de color negro y con un poco de faldita y, se fue tan pancha a la piscina. No era la que iba más moderna pero el Caracol Tadeo, la quería más que nunca porque sabía cuánto llanto le había costado aquella decisión. Y cuando aquel domingo volvieron a casa, Milagritos se encontró con una sorpresa. Tadeo se había encargado de llenar la casa de flores y en una guirnalda que adornaba la entrada se podía leer:

"¡Nadie te quiere tanto como yo, Milagritos!" - Tu Tadeo de siempre.

Milagritos se puso a llorar pero esta vez de alegría y llamó a todos los del jardín para que vieran el regalo de su maridito Tadeo.

Como podéis imaginaros, la Lagartija Trapisondas hizo aquella semana una Revista de "Dimes y Diretes" que se la quitaron de las manos.

Otro día, más aventuras...

jueves, 10 de abril de 2008

AVENTURAS Y DESVENTURAS DE LA BABOSA MILAGRITOS




LA BODA


Como en todas partes, en el Jardín de Milagritos cuando llegaba el mes de Mayo comenzaban los preparativos de las vacaciones y hasta en el Colegio los escolares y profesores estaban deseando que terminaran las clases.

Aquel año había doble fiesta porque la boda de la señorita Priscilla con el Zorrillo Inglés mister Smith, estaba preparada para finales de Junio, una vez se cerrara el colegio.

Todos estaban muy entusiasmados con la novedad y tanto Milagritos como Trapisondas preparaban el acontecimiento para que fuera conocido en todos los jardines de las Urbanizaciones. Esto quiere decir que, la Lagartija Trapisondas le encargó al Topillo Pitymy los mejores rollos de película para no perderse ni un detalle de la celebración, y Milagritos en lo que pensaba era en lo guapa que iba a ponerse para ser la que más destacara después de la novia, claro.

A lo primero que se dedicaron fue a buscar el traje de novia para la Conejita Priscilla que seguiría dando clases en el Colegio después de su boda y el que iba a ser su marido el Zorrillo mister Smith, se dedicaría a enseñar el mejor inglés a todos los habitantes del Jardín que desearan aprenderlo. Bueno, el caso es que cuando se juntaron la Babosa Milagritos, la Lagartija Trapisondas, la Abubilla Felicitas que por cierto preparaba su boda con el Pájaro Carpintero Don Torcuato, para cuando empezara la Navidad, la Alondra Doña Copete, la Ardilla Petigrís, la Mariquita Doña Antoñita y hasta la Urraca Pica-Pica, todas, todas, se reunieron en casa de Milagritos para aconsejar a la señorita Priscilla el traje de novia que mejor le iba a quedar mientras se tomaban una buena taza de té. Después, muy alborotadas, hablando todas al mismo tiempo, decidieron ir a ver a la Oruga Doña Pelitos para que les indicara donde se encontraba la mejor tienda de seda natural, y así, la señorita Priscilla podría lucir el más bonito traje de novia que nunca se había visto en aquel Jardín, cosa que, por cierto, enfadó mucho al Topillo Pitymy puesto que, al enterarse de la noticia del desposorio, se trajo unos vestidos de China para los novios de lo más espectacular y, con la idea de las señoras, se quedaba con todo ello para las rebajas.
Pero las cosas se complicaron y dejó a todos con un palmo de narices porque, un jueves por la tarde, cuando ya se habían preparado todas las señoras, con sus sombreros, sus zapatos de tacón, bien engalanadas y maquilladas para acompañar a la señorita Priscilla a la tienda de los Gusanos de Seda “Hermanos Hiloblanco” a comprar el vestido de novia, resulta que, en el momento de salir de casa, cuando ya iban a coger varios taxis, a Priscilla no se le ocurrió otra cosa que decir:

-Yo querer vestir la peina en la cabeza y el traje de Sevilla y ¡olé!

Se quedaron todas con la boca tan abierta que aquello parecía la Oficina de Correos con los buzones esperando las cartas. Se miraron unas a otras sin saber qué decir mientras la señorita Priscilla sonreía embobada pensando en lo guapa que iba a estar vestida de flamenca y allá que se fueron todas, más alborotadas que antes, a la tienda “Todo es un chollo” en busca de un vestido de faralaes y una buena peineta de concha de karey para que se casara así de guapa la Conejita Priscilla.

El pobre Topillo Pitymy tuvo que tomarse un par de aspirinas después de que todas las señoras se marcharon...¡la que le organizaron en la tienda...! Todo revuelto, vestidos por aquí y por allá, cada una se probaba una ropa distinta que no tenía nada que ver con la boda y por fin, compraron un vestido rojo y blanco de lunares con pañuelo de flecos, una enorme peineta con una filigrana muy bonita y unas cuantas flores de papel que no sabían donde las iban a poner pero, por si acaso, se las llevaron.

Para celebrarlo se fueron todas a la chocolatería “La Libre Enana “ a tomarse un chocolate con churros porque ya no había ningún enfado entre Priscilla y la dueña de la chocolatería y cuando estaban todas las señoras llenándose la pancita de churros y chocolate, ahí que sale otra vez la Conejita Priscilla con una sorpresa que las dejó a todas atontadas.

-Sí, yo estar muy requeguapa vestida de faralá y mi Zorrillo vestir traje de toreador...

Por ahí ya no pasó Milagritos... se levantó muy dignamente, dijo que se encontraba mareada y muy cansada y sin decir nada a nadie, se fue corriendo a decirle al Caracol Tadeo que de eso ¡nada!. Que el Zorrillo inglés se iba a vestir de chaqué como mandaban los cánones y que de torero ¡ni hablar! Que ya era suficiente con que Priscilla fuera de españolona después de que a ella le hubiera estropeado la fiesta pues en vez de sombrero había pensado ponerse una buena peineta que ya tenía en mente y se lo había fastidiado todo pero, ¡de torero no! Así que a ver como se las arreglaba el Caracol Tadeo para decirle al Zorrillo mister Smith que se fuera buscando un chaqué corriente y moliente.

La verdad fue que el caracol Tadeo al ver tan enfadada a Milagritos no se atrevió a decir ni mu, y como estaba muy cansado de tanto alboroto como armaban todas las señoras con la dichosa boda, doblando su periódico, comenzó a pensar en cómo convencería al Sr. Smith para que se vistiera como los novios normales y lo único que se le ocurrió fue regalarle el chaqué completo, por lo que la boda de los inglesitos, al Caracol Tadeo le costó la torta un pan , como se acostumbra a decir. Total que la cosa volvió a arreglarse... hasta cierto punto... porque cuando llegó el día de la boda y todos vestidos de lo más elegante asistieron al festejo, al llegar los familiares ingleses de los novios, ¡todos iban vestidos de lo más españolón! ¡ellas de flamencas y ellos, todos con su traje de luces! ¡Madre la que se armó! ¡Aquello parecía la Feria de Abril en Sevilla! Pero ahí no acabó todo, no...

Resulta que los vecinos de los otros Jardines al ver toda aquella barahúnda de trajes, creyeron que había una corrida de toros y allá que se fueron a la boda con sus abanicos, sus botas de vino y sus bocatas de tortilla y alguno pensó en aprovechar la ocasión para hacer su agosto, vendiendo palomitas y agua fresca.

A Milagritos casi le da un soponcio, al ver toda aquella cuchipanda. Ella que se había puesto a la última con un vestido de gasa color verde manzana y una pamela haciendo juego con un ala que la separaba de Tadeo casi dos metros. Le quitó la vara de Alcalde a su marido y se lió a dar bastonazos a los que no habían sido invitados, mientras decía a voz en grito:

-¡Qué esto es una boda y no una corrida de toros...!

Total que la boda se celebró y, al final todo acabó en unos cuantos bailes por sevillanas que cada uno bailó a su antojo y todos fueron muy felices. Y como ya el verano estaba muy próximo y la piscina la abrirían de un día para otro, Milagritos empezó a pensar en comprarse un biquini color rosa chicle chillón ¡e s p e c t a c u l a r! Que había visto en la tienda “Todo es un Chollo” del topillo Pitymy.

¡Ah! Se me olvidaba decir que los novios se fueron de viaje de luna de miel a Almería que es un sitio donde hace un calor que te mueres pero que a los ingleses les encanta...

¡Hasta otro día amiguitos!

viernes, 4 de abril de 2008

MÁS ENREDOS DE MILAGRITOS





Milagritos se aburría soberanamente a causa de su brazo roto y la torcedura de su tobillo. Como no podía hacer nada, se pasaba el rato asomada a la ventana cotilleando lo que pasaba en el jardín para, luego, contárselo a la Lagartija Trapisondas para que lo publicara en su Revista “Dimes y Diretes”.

Una mañana vio como la señorita Priscilla salía del colegio de dar su clase de inglés y ¿a que no sabéis quién la estaba esperando con un ramo de flores en la mano? Pues nada más y nada menos que Don Torcuato, el Pájaro Carpintero. ¡Ay cuando lo vio Milagritos...! Don Torcuato con los ojos entrecerrados y el pico semiabierto mirando con cara de bobito a la señorita Priscilla mientras le entregaba un ramo de violetas. Pero esto no fue lo peor. Resulta que la Conejita Priscilla que aquel día llevaba puestos unos pantaloncitos cortos y una camiseta de tirantes a la última moda, se había puesto también unas gafas de sol con la montura ¡de color rosa chicle chillón...! El color preferido de la Babosa Milagritos! ¡Cómo se puso Milagritos cuando la vio...! ¡Madre...madre! Dijo: ¡No! ¡Eso no lo voy a consentir! Y como no sabía que hacer para evitarlo se fue en busca de la Lagartija Trapisondas para ir las dos juntas a ver que pasaba con la pareja y de paso, pensar en hacer algún enredo para que la señorita Priscilla no se pusiera aquellas gafas nunca más.

Escondidas detrás del sauce que estaba junto a la piscina, estuvieron espiando a don Torcuato y a la profesora, y mientras Trapisondas sacaba fotos y más fotos, llegaron a la conclusión de que Don Torcuato, estaba enamoriscado de la señorita Priscilla que, por cierto, también lo miraba con cara de tonta.

-¡Tenemos que arreglar esto!-dijo Milagritos muy sulfurada -¡Don Torcuato no puede enamorarse de una conejita, tiene que buscar alguien de su misma especie...

-¡Sí!- le respondió Trapisondas –yo sé que la Abubilla Felicitas tiene muchas ganas de casarse... y también la Alondra Doña Copete... ¡pero la señorita Priscillaaa....!

-¡Ya se me ocurrirá algo- dijo Milagritos muy enfadada – Estas tonterías no se pueden consentir.

Esto lo dijo imitando a su marido el Caracol Tadeo que siempre empleaba estas palabras cuando se enfadaba con Milagritos. Y se fue a su casa a meditar alguna solución para aquel desaguisado. ¿Pero quién podría ser una buena pareja para la Conejita Priscilla? ¡Ya está! De pronto, se le encendió la bombillita...¡El hijo de la dueña de la Chocolatería “La Liebre Enana”...! Era una mezcla de conejo y liebre bastante atractivo, de color gris plateado y con unos bigotes muy blancos que siempre llevaba engominados. ¡Sí...eso es! Y a Milagritos se le ocurrió una idea. Cogió papel y un boli y se puso a escribir una carta, mejor, pensó en un poema, y allá que fue a poner en el papel lo primeo que se le vino a la cabeza:

“Tienes los ojos rojitos
como la flor de alhelí,
no te pongas esas gafas
porque me haces sufrir”

y firmaba: “Justino, el Conejo de la Chocolatería “La Liebre Enana”

Bueno, naturalmente, a Milagritos le importaba un pito que los versos rimaran o no, o si lo que decía estaba bien o mal, el caso era que Priscilla no volviera a ponerse las gafas con montura de color rosa chicle chillón, nunca más.

Envió la carta por correo a la Casa del Ciruelo donde vivía la Conejita y se quedó esperando los resultados. Pero las cosas no salieron como esperaba porque, a los pocos días, se presentó en el Jardín, preguntando por Miss Priscilla, un Zorrillo inglés la mar de chulo; alto, delgadito y muy rubio que resultó ser el novio formal de la Conejita Priscilla.

Bueno... ¡la que se organizó otra vez...! Priscilla que se había entusiasmado con el éxito que tenía en el jardín, no le hizo ni caso al Zorrillo inglés y todos los días iba a tomarse un chocolate con churros a la Chocolatería “La Liebre Enana” para ver al Conejo Justino que, por cierto, se quedó pasmado cuando vio las miradas tiernas con las que lo obsequiaba la señorita Priscilla. Hasta que, un día, su madre, la Liebre Enana, le dio un escobazo por pasarse el día atusando su bigote y mirando la puerta para ver cuando entraba la señorita Priscilla.

La Liebre Enana que tenía muy malas pulgas porque le había costado mucho trabajo sacar su negocio adelante y veía que con aquella tontería del coqueteo se quedaba sin la ayuda de su hijo, un día, se plantó delante de la señorita Priscilla y le dijo que ya no le servía más chocolate con churros, que dejase en paz a su hijo Justino y que se mirase en el espejo para que viera lo gorda que se estaba poniendo con tanto chocolate.

La Conejita Priscilla se fue llorando como una Magdalena y más colorada que un tomate, momento que aprovechó el Zorrillo Inglés para consolarla y hacerse amigos otra vez.

Así que todo quedó bien, igual que antes; bueno... algunas cosas cambiaron. Por ejemplo: a Justino se le quedaron los bigotes un poco lacios porque ya no le importaba ponerles gomina ¿para qué? Y Milagritos se salió con la suya porque la Conejita Priscilla tiró a la basura las gafas de montura color rosa chicle chillón y no se las puso nunca más.

¡Ah! Don Torcuato comenzó a tontear con la Abubilla Felicitas porque, no se sabe cómo ni por qué, pero recibió una carta con un poema que decía:

“Quisiera ser buena amiga
de Torcuato el Carpintero,
te lo dice Felicitas,
que siempre te amó en silencio”

¡Si es que en el Jardín de Milagritos pasa de todo... de verdad!

miércoles, 2 de abril de 2008

¡YA LLEGA LA PRIMAVERA!




¡Qué bonito se estaba poniendo el jardín de Milagritos! Todos los árboles tenían unos brotes tiernos y verdes, que parecían bolitas de caramelo de menta. Los almendros florecían y con aquellas flores blancas parecía como si les hubiera caído encima una copiosa nevada y los alhelies, perfumaban todo el jardín.
Aquel día de sol y un cielo azul que parecía hecho con plastilina, las cochinillas se encargaron de dejar bien limpio el estanque y además de la carpa Doña Bigotona que vivía allí desde siempre, el Caracol Tadeo como Alcalde que era del Jardín, se encargó de comprar unos peces de colores que todos fueron a mirar como nadaban cuando supieron que los habían llevado.
Los días eran largos porque ya se había cambiado la hora y por las tardes cuando los papás y las mamás salían de trabajar, se iban a pasear con los niños por el jardín y era todo muy divertido. Unos se subían al tobogán, otros patinaban, otros se montaban en los columpios y mientras los papás charlaban de lo difícil que se estaban poniendo las cosas en el mundo, las mamás se explicaban como hacer comidas nuevas y donde comprar las cosas más baratas.
Aquella tarde estaba Milagritos hablando con la Abubilla Felicitas que estaba muy guapa porque se había hecho la permanente en la peluquería de la Alondra Doña Copete y también estaba con ellas la Lagartija Trapisondas que ya sabéis no se perdía una, siempre con su cámara de fotos colgada del cuello por si acaso... y que llevaba puesto un gorrito de lana de color rosa porque tenía un catarro primaveral de aquí te espero y no quería enfriarse pues las noches todavía eran fresquitas.
En esas estaban, charla que te charla, cuando apareció la Coneja Señorita Priscilla paseando por el jardín ¡montada en una bicicleta! ¡¡¡Buenooo¡¡¡ La verdad es que Milagritos se puso un poco verde de envidia y lo primero que pensó fue en ir a comprarse una, ella también. Pero cuando se lo dijo al Caracol Tadeo, éste le contestó:
-Milagritos, ¡no!. Las bicicletas son muy caras y tu no necesitas ninguna. Los niños empiezan el colegio este curso que viene y tenemos que ahorrar para comprarles los uniformes, los libros y todas esas cosas que necesitan cuando van al colegio, así que no hay bicicleta- y muy serio, se puso las gafas, se sentó en la mecedora y empezó a leer el periódico para saber qué pasaba por el mundo.
Milagritos se puso muy enfurruñada pero, ni corta ni perezosa, ella que era muy terca como ya sabéis, dijo que tenía que hacer unas compras y se fue a la tienda del Topillo Pitymy “Todo es un Chollo” para curiosear el precio de las bicicletas. Y cuando lo vio, a la pobre casi le da un soponcio porque eran carísimas incluso las que venían de China y pensó que Tadeo tenía razón. Pero eso de que ella no tuviera ningún vehículo y la Conejita Priscilla sí, no le hacía mucha gracia y curioseando, curioseando por la tienda, encontró algo que le gustó y se lo compró. ¿A que no sabéis qué era? ¡Un patinete! ¡Sí señor! Estaba un poco oxidado y no tenía frenos pero bueno, eso le sirvió para regatear con el topillo Pitymy que le hizo una rebaja fenomenal.
Al día siguiente era sábado y hacía un día hermoso aunque algo ventoso y eso los tenía a todos algo malhumorados, el caso es que Milagritos, cuando salió de paseo iba montada en su patinete delante de su familia el Caracol Tadeo y sus hijos Fidelio y Maritere. Tadeo la miraba con cara de decir: “verás ésta, la que se va a dar con tanto patinete” pero no le dijo nada porque sabía que Milagritos era muy suya y no hacía caso de lo que se le decía. Iba saludando a unos y otros muy contenta, y en esto que se cruzó con la bicicleta de la señorita Priscilla. Cuando vio que la adelantaba porque la bicicleta tenía más velocidad que su patinete, Milagritos pensó que ella también podía hacerlo y le dio marcha con el pie al patinete. Cuando cogió velocidad, puso los dos pies encima y salió despedida de cabeza al estanque.¡Otra vez la que se armó! Milagritos subiendo y bajando del agua, la carpa Doña Bigotona que estaba de mal humor, detrás de ella pegando bocados a ver si podía tragársela porque estaba ya de Milagritos hasta el moño, los peces de colores, que nunca habían visto una Babosa, iban a por ella y la pellizcaban y la mordisqueaban creyendo que era un juguete y Tadeo intentando agarrarla por donde fuera para que su Milagritos no se ahogara.
Nadie sabía qué hacer, y Milagritos haciendo “glu-glu” subiendo y bajando de algua. Los niños lloraban asustados y los moscardones policías llamaron por sus radios a los bomberos para que vinieran a ayudarlos y cuando ya todos se creían que aquello terminaba pero que muy mal, al Topillo Pitymy se le ocurrió una idea. Fue a su tienda y corriendo volvió con un cazamariposas muy bonito que lo vendía a 50 céntimos de Euro y pescó a la Babosa Milagritos que echaba más agua por la boca que toda la que había en el estanque. La llevaron deprisa al Hospital y allí le encontraron un brazo roto, una torcedura en el tobillo, y llena de pequeños mordisquitos de los peces de colores. ¡Y no veaís los pelos que se le pusieron! La pobrecita lloraba más que nunca y menos mal que Tadeo, la cogió entre sus brazos y dándole besitos le dijo:
-¡No te preocupes, Milagritos, que yo te quiero mucho y no me importa que estés con esos pelos!
Bueno, al final todo acabó bien, Milagritos volvió escayolada a su casa, Trapisondas hizo fotos y un editorial que tituló: “Desgracia en el jardín de Milagritos, sin consecuencias funestas” y que ocupaba dos páginas de la Revista “Dimes y Diretes” además de que, en la portada se veía el patinete hecho una chatarra y a Milagritos volando por los aires derechita al estanque.
Cuando a la semana siguiente salieron a pasear toda la familia, Milagritos que todavía llevaba el brazo en cabestrillo y muletas, al ver otra vez a la señorita Priscilla con su bici, pensó que sería mejor y más seguro comprar un coche. Y ya empezó a buscar una escuela donde pudiera aprender a conducir... ¡Madre mía... Si es que esta Milagritos no para...!

martes, 1 de abril de 2008

LA SEÑORITA PRISCILLA



Milagrtos pasaba el tiempo dándole vueltas a la cabeza para poder contratar una profesora de inglés que diera clases en el Colegio del Jardín. Primero habló con el Caracol Tadeo que se enfadó un poquito porque le dijo que le iba a meter en un lío si el Director del Colegio el Erizo Don Huberto le pedía que le subieran la subvención, pero luego, cuando vio que por ese lado no iba a conseguir nada, fue direcamente a hablar con el Erizo que se quedó muy sorprendido cuando la vio en su despacho, toda emperifollada, con el sombrero de los domingos y zapatos de tacón.
-¡Doña Milagritos, qué sorpresa verla por aquí! ¿Qué? ¿Ya está preparando las clases para cuando vengan sus hijos a estudiar? Pues todavía le falta un poco de tiempo...
-¡Uy, Don Huberto! El tiempo pasa muy deprisa- le dijo Milagritos con su mejor sonrisa- y algo quería hablar con usted sobre clases, sí. Bueno... la verdad es que me gustaría que todos los niños de este jardín tengan los mejores porofesores y los estudios mas amplios que se puedan dar.
Y por ahí empezó a charlar con el Erizo Don Huberto que cada vez que la oía se le ponían las púas un poquito de punta. Cuando, después de un rato de charlar de unas cosas y otras, Milagritos se decidió a explicarle su idea de traer una profesora de Inglaterra para que diera las clases de inglés, el Director se quedó pensativo y le expuso los inconvenientes que veía. Además de darle un sueldo, necesitaba una vivienda gratuita claro y de todo eso tenía que hacerse cargo el Ayuntamiento.
Así que Milagritos tuvo que convencer a Tadeo de lo necesaria que era una profesora de inglés y que si patatín y que si patatán. Bueno, al fin el caracol Tadeo ya mareado de tanta charla, le dijo que bueno, que ya sacarían el dinero de algún sitio y que la profesora de inglés podía ocupar la casa que había dejado vacía en el tronco del ciruelo, la comadreja que se había mudado a otra urbanización hacía poco tiempo.
Y ya veis a Milagritos buscando en las páginas de Internet profesoras nativas de Inglaterra que quisieran venir a trabajar a España. Puso anuncios en todas las Agencias y con eso de que en España siempre hace sol y sólo llueve de Pascuas a Ramos, consiguió varias candidatas. La que más le gustó fue una que se llamaba Priscilla y, además de que era de Oxford, cuando le ofreció un sueldo un poco más alto de lo que era verdad sin que nadie lo supiera y le dijo que tenía una casa preciosa gratuita en uno de los mejores ambientes del Jardín, la señorita Priscilla aceptó encantada el puesto de profesora de inglés. Y allá que se presentó un buen día la tal señorita Priscilla en el Jardín de Milagritos.
¡Las ganas que tenía Milagritos de conocer a la profesora, no podéis imaginaros! Llamó a la lagartija Trapisondas para que hiciera las fotos de bienvenida, a Tadeo lo hizo ir con Don Buho de Noche al que había nombrado Concejal porque era muy inteligente y, por supuesto, también estaba en el comité de recepción, el Director del Colegio, el Erizo Don Huberto que apareció acompañado de la Banda de dicho Colegio “Los grillos enloquecidos”, y que estaba formada por los mejores músicos de toda la urbanización.
La señorita Priscilla apareció en un taxi cargado de maletas, con un vestido de manga corta aunque el tiempo la verdad es que era bastante fresco, pero aun así y todo estaba sudorosa como si fuera pleno verano. Y Milagritos cuando la vio, se llevó la sorpresa de su vida, porque no se le había ocurrido pensar que clase de animalito era y allí plantada delante de ella con un sombrero ¡fabuloso! que la llenó de envidia, se encontraba una conejita blanca con unos ojos coloraditos y una cara de despistada que los dejó a todos patidifusos. La verdad es que no era muy guapa, un poco vieja aunque todavía estirada pero muy puesta ella, y saludando a todos con un “jauaryu” que nadie se atrevía a responder, fue saludando a todos los que habían ido a recibirla.
Pronto Milagritos se hizo amiga de la señorita Priscilla y como la consideraba muy elegante y sabia, comenzó a imitarla en todo lo que veía. Como vio que la conejita Priscilla no se quitaba el sombrero ni para dormir, pues ella se lo ponía desde que se despertaba hasta que se acostaba por la noche y esto a Tadeo lo traía frito porque se dio cuenta de que casi comenzaba a olvidarse de como era la cara de Milagritos.
Otra cosa que imitó fue tomar el té de las cinco. Bueno... Unos días iba ella a la casita del ciruelo donde vivía la profesora y otras, la invitaba Milagritos a que fuera a su casa pero como llegó un momento en que las dos se aburrían como momias porque apenas se entendían, decidieron invitar a todas las señoras del Jardin y cada Jueves en casa de una o de otra, había una reunión a las cinco de la tarde para tomar el té. Poco a poco, todas las señoras fueron cambiando el café por el té y aunque a muchas no les gustaba, era igual, se lo tragaban con una sonrisa y cuando llegaban a casa se lavaban los dientes y la lengua para que se les quitara el sabor.
Milagritos se propuso aprender inglés y enseñar español a la señorita Priscilla y no es que consiguiera mucho pero, algo, hizo. Ella acabó chapurreando un jauduyudu que nadie sabía que quería decir y a la señorita Priscilla a la que Milagritos se empeñó en enseñarle a decir: “quiero un pincho de tortilla”, todavía se le entendía menos porque lo que todos comprendían cuando lo decía, era algo así como..”pelopinchoretortija...” y claro aquello era la risa. Total que acabaron hablándose por señas y así fue la única manera de conseguir algo.
Y entonces fue cuado formaron el Club angloespañol de las defensoras del té. Pidieron permiso para poner cada domingo por la mañana, un tenderete en la puerta del Ayuntamiento para vender tarritos con té que se encargaban de decorar las señoras del Club, y el Caracol Tadeo que porque le dejaran tranquilo era capaz de aceptar cualquier cosa, se lo concedió. Y así fue la forma en que Milagritos, naturalmente, se hizo con la Presidencia del Club. Claro que la Vicepresidenta era la señorita Priscilla y como querían darle mucha fuerza a la Asociación, uno de los primeros puntos del Estatuto era que todas los miembros debían llevar sombrero todos los día.
Bueno...La verdad es que quien más salió ganando con la llegada al Jardín de Milagritos de la profesora inglesa fue el Topillo Pitymy que se puso las botas (como se dice), vendiendo sombreros..... ¡Hasta pronto amiguitos...!

sábado, 29 de marzo de 2008

MILAGRITOS PRESUME DE ALCALDESA




¡La de cosas que hizo Milagritos desde que Tadeo fue elegido Alcalde! ¡No podeis ni imaginaros! La primera ocurrencia que tuvo fue decirle a la Lagartija Trapisondas que siempre que se hablara de ella en la Revista Dimes y Diretes se le diera el tratamiento de "Señora Alcaldesa", ¡y cómo se puso de enfadado el caracol Tadeo cuando se enteró de aquella sandez! Estuvo una semana sin hablarle, sólo cuando llegaba a casa después de dejar el Despacho del Ayuntamiento donde él sí era el Alcalde, le decía a Milagritos muy enfurruñado y con mucho retintín: "A ver, se-ño-ra al-cal-de-sa, ¿está ya la cena?" Milagritos, que no se apeaba de sus ideas así como así, no le respondía, le ponía el plato en la mesa y ella se iba a comer a la cocina, hasta que la cosa se arregló,claro. Pero no sabéis cómo se arregló. Os lo voy a explicar.
Pues resulta que a Milagritos tanto se le subió el título de Alcaldesa a la cabeza que comenzó a dar conferencias una vez a la semana para todas las señoras del Jardín y también invitaba a las que vivían en los alrededores. Unas veces hablaba sobre cómo se cuidaba a los bebés, otra de cómo se conservaban frescas las flores de interior y otras de cualquier cosa que se le ocurriera; hasta una de las veces en las que no tenía tema, se puso a disertar de astronomía ¡fijaros bien! y eso era una cosa de la que ella no entendía ni torta, vamos, pero... se estudió un libro que hablaba de los planetas y que encontró entre los trastos viejos del desván y allá que fue a contarles a las señoras cómo se trasladaban por el cielo Marte, Júpiter, Urano y Neptuno, y no sé cuántas cosas más que se le ocurrieron, así de pronto, unas verdaderas y otras inventadas para salir del paso. También se hizo socia de cualquier Asociación que conocía y además ella fundó algunas cuantas ONGs para ayudar a unos y otros o lo que fuere, daba igual, el caso era ser la Presidenta de algo. Pero lo peor de todo y aquí es dónde está la historia de este cuento, es como comenzó a comprar en la tienda del Topillo Pitymy "Todo es un chollo", cualquier cosa que se le antojara. Como el Topillo Pitymy había conseguido la licencia para exportar mercancías del extranjero, Milagritos le compraba todas las novedades que traía, desde collares de conchas que llegaban de Filipinas, hasta kimonos de seda natural traidos de China y un sinfin de chucherías de todo tipo, pañuelos para el cuello, diademas, horquillas, y hasta se hizo con una colección de zapatos que ya-ya¡¡
Bueno, pues un día, cuando estaba rebuscando entre unas babuchas de la India en "Todo es un chollo", el Topillo Pitymy le dijo:
-Señora Alcaldesa - (el topillo era muy listo y sabía que si no la llamaba así no le compraba nada)- Nos acaban de llegar de París unas cremas para la cara que dejan la piel fina como el pétalo de una amapola y después de usarla una semana, todas sus amigas le dirán que parece que le han quitado diez años de encima... ¡Pruébela, pruébela... señora alcaldesa!- le decía el topillo muy zalamero.
Y Milagritos cayó en la trampa. Eran unos tarros muy bonitos que tenían la forma de una flor de lis y una tapa de cristal amarillo preciosa y, ni corta ni perezosa, compró, una para la noche, otra para el día, una de contorno de ojos, otra de contorno de labios y la última para los cuernecitos y las orejas.Y ahí empezó todo, amiguitos... Después de pagarle al topillo lo que su marido ganaba en un mes, comenzó el unte en la cara.
La primera noche, Milagritos notó un poco de picor cuando extendió la crema pero no le dio mucha importancia, pero cuando por el día, al mirarse al espejo vio que tenía las mejillas enrojecidas, aunque primero pensó que era del sol que le había dado mientras tendía la ropa, al tercer y cuarto día de ponerse los mejunjes, vio como se le hincharon los ojos, tanto que apenas si parecían dos rendijas, la nariz era como una patata y la cara acabó siendo una mezcla de granos de todos los tamaños, hasta el punto de que cuando se vio, se echó a llorar como una magdalena y cuanto más lloraba más se le hinchaban los ojos y más se le enrojecía la cara. ¡la que se organizó! porque luego, al mirarse con más atención en el espejo de aumento en ese que se le veía la cabeza tan grande como una calabaza, observó con terror que de las orejitas, salían unos pelos negros que ella sólo los había visto en los rabos de los ratones cantantes "Los Melenudos Guay". ¡Ay, Dios mío! No había manera de que le parara la llantina pero, de pronto, se calló, se secó las lágrimas, se ajustó los pantalones de cuadros, se puso un jersey de rombos, cogió el sacudidor de las alfombras, se puso el casquete con el velo que le tapaba media cara para disimular un poquito y se fué a ver al topillo a su tienda "Todo es un chollo". Allí se quitó el sombrero y cuando Pitymy la vio, casi se desmaya del susto ¡Aquello parecía una paella a la valenciana.ª
- ¡Esto es una urticaria, Milagritos! (aquí se olvidó ya del tratamiento), vete a ver a la mariquita Doña Antoñita que está en el ambulatorio, que lo que tienes es una alergia- le decía mientras se resguardaba con las manos de los zurriagazos que le daba Milagritos con el sacudidor. Al final, le hizo caso al topillo y se fue al ambulatorio acompañada de la Lagartija Trapisondas que, como no se perdía una, a escondidas, le sacó unas cuantas fotos para su Revista.
Cuando tenía toda la cara embadurnada con una pomada que le puso la Mariquita Antoñita, llegó Tadeo al Hospital haciendo pucheros porque, la verdad es que quería mucho a su Babosita Milagritos y le dio un abrazo tan fuerte que casi se le escapa de las manos de lo resbaladiza que estaba con tanto pringue como le habían puesto pero, bueno, eso no le importó. Al día siguiente, Milagritos tenía otra vez su cara tan limpia como siempre y aunque tuvo que estar un mes sin ponerse ninguna crema ni maquillaje y por lo tanto sin salir de casa para que nadie la viera, esto le sirvió para que dejara de presumir de Alcaldesa, hizo las paces con su marido el caracol Tadeo y al Topillo Pitymy le compró sólo lo que era absolutamente necesario.
Desde entonces se preocupó nada más que de sacar a pasear a sus dos hijitos y de prepararle unas buenas comidas a su caracol Tadeo y aunque, de vez en cuando, echaba de menos dar alguna conferencia que otra, pensó en que ya buscaría algún científico de esos pesados que explican cosas que nadie entiende o algún sabio raro de esos que saben muchas cosas pero que las olvidan enseguida, y los invitaría a que dieran conferencias para las señoras del jardín. Naturalmente ella se sentaría en la tarima al lado del conferenciante, para eso era la organizadora. Bueno... todo eso eran cosas que se le ocurrían a Milagritos para no aburrirse.
¡Ah! Las revistas Dimes y Diretes en la que se veían las fotos de Milagritos hecha una pena, no salieron a la venta porque el primer ejemplar, que fue a parar al Ayuntamiento, cuando lo vio el caracol Tadeo, llamó a la lagartija Trapisondas y le dijo, ¡muy enfadadol! que si no las retiraba le cerraba la imprenta por desacato a la autoridad. De su Milagritos no se reía nadie...¡faltaría más...!
Trapisondas echó alguna que otra lagrimita porque sabía que la revista habría tenido mucho éxito con aquellas fotos pero no quiso empeorar las cosas y aquella semana no hubo tirada de "Dimes y Diretes". Es que todo no puede ser... ¡de verdad... vamoooos...! Adiooooos amiguitos.

viernes, 28 de marzo de 2008

LA ELECCIÓN DE ALCALDE




Por fin se habían decidido a elegir alcalde en el Jardín de Milagritos. ¡Madre mía el jaleo que había por todo el jardín! Lo primero que hicieron fue una presentación de los candidatos que eran muchísimos, pero los que tenían posibilidades de triunfar sólo eran tres: El Topillo Pytimy, El Ciempiés Patatiesa y el Caracol Tadeo.
La presentación querían hacerla en una sala de la tienda del Topillo Pytimy "Todo es un Chollo" pero cuando vieron la cantidad de gente que estaba interesada en conocerlos, se dieron cuenta de que allí no cabían tantos y decidieron presentarlos al aire libre, en el hueco del parterre, donde estaban floreciendo unos alhelíes muy bonitos que perfumaban mucho el ambiente.
Los candidatos iban cada uno vestido según sus ideas, o sea, a su aire. Unos con corbata, otros en camiseta y alguno incluso se puso sombrero cosa que hizo más que reír al personal porque eso ya no se estilaba ni desde los tiempos de la abuela Nicolasa que era la tortuga más vieja que nadie había conocido, además de ser la abuela de Milagritos como ya sabeis.
Todos fueron muy aplaudidos cuando hablaron, bueno... el que menos, dicho así entre nosotros..., fue el Ciempiés Patatiesa. Cuando lo vieron tan ajado y con una muleta y un bastón, nadie pensó que podría ser un buen Alcalde pero, aun así y todo, tuvo un montón de aplausos. Después de exponer cada uno sus argumentos para que todo funcionara bien en el jardín, los tres candidatos que ya hemos mencionado, acordaron que las elecciones se celebrarían el sábado siguiente cuando todo el mundo estaba en su casa sin tener que ir a trabajar. Así que después de que el Alcalde del Jardín de la casa de al lado el mirlo Don Amarilis les diera a los tres candidatos la oportunidad de decir unas últimas palabras, recogieron las banderolas que tenían colgadas y cada uno se fue a su casa esperando el día tan ansiado.
La semana fue de lo más movido, propaganda por todas partes, pegatinas que se encontraban hasta en la suela de los zapatos y Milagritos, como podéis imaginar, fue la que más se preocupó de repartir papeletas con la foto de su marido y una frase que decía: " Si quieres que todo cambie, Tadeo será el Alcalde". Si hemos de ser sinceros, la frase no era de lo más acertado pero a Milagritos fue la que más le gustó después de escribir más de cien para escoger la preferida. La pura verdad era que eso de ser la futura señora del Alcalde, a Milagritos se le había subido a la cabeza; tanto es así, que ya no salía a la calle sin el sombrero puesto y como sólo tenía uno, fue rápidamente a la tienda "Todo es un Chollo" a comprarse un par de ellos para tener de recambio. En un principio quiso comprarse una pamela llena de flores pero como ya tenía la de las cerezas que se puso el día de la condecoración, escogió un sombrerito pequeño con forma de casquete con un velo de tul que le tapaba la mitad de la cara y que le pareció muy elegante, aunque el primer día que salió a la calle con él puesto, los hijos de la oruga Doña Pelitos, que por cierto eran un poco gamberros, casi se mueren de risa al verla. Pero...sí, el sombrero no le quedaba muy bien, parecía que se había puesto en la cabeza un tiesto con adornos aunque nadie se atrevió a decirle nada, claro, ni siquiera la lagartija Trapisondas que la miró con un poco de envidia y no quiso hacerle ninguna foto.
El otro sombrero que se compró tenía unas plumas que, cuando se lo puso, más que una pequeña y dulce Babosita, parecía un gallo de pelea, sin embargo, ella se sentía feliz y no le importaban los comentarios de la gente. Tampoco salía sin pintarse los morrines con el glosse brillante de color rosa chicle chillón y todos los días, antes de acostarse, se ponía una redecilla en el pelo para que no se le deshicieran los rizos de la permanente que le había hecho la alondra Doña Copete en su peluquería, y además se cubría los ojos con un antifaz porque decía que así, por la mañana estaban más brillantes. y se le veían más grandes Tenéis que recordar que Milagritos era una Babosa muy, pero que muy presumida. Al pobre Tadeo lo tenía loco, cuando por la noche se iba a la cama después de estudiar toda la tarde las necesidades de la comunidad para poder ser un buen Alcalde, casi se moría del susto al ver a su mujercita de aquella guisa. Entre el antifaz y la redecilla, Milagritos parecía un extraterrestre y su marido el caracol Tadeo tenía que levantarse todas las noches a serenarse un poquito con el aire que entraba por la ventana del jardín antes de quedarse dormido.
Bueno, el caso es que entre una cosa y otra, llegó el día de la votación. La primera que salió a la calle fue, por supuesto, la Lagartija Trapisondas con la cámara colgada del cuello, con sus vaqueros más cómodos y las deportivas de color rosa de la última hornada que vendió Pitymy en su tienda "Todo es un Chollo", dispuesta a perpetuar todos los acontecimientos en su Revista “Dimes y Diretes”, y los siguientes fueron las Bandas de Música. Los moscardones uniformados de azul con sus instrumentos bien afinados, comenzaron a pasear despertando a los habitantes del jardín para recordarles que era el día de la votación del Alcalde. Aquella algarabía dio todavía más alegría a la fiesta y nadie se quedó en casa. No había ninguno que no estuviera contento y el que más y el que menos se hacía el misterioso para que nadie supiera a quien iba a votar, sólo se conocía el candidato de la Babosa Milagritos que, de todos era bien conocido, sería su marido el caracol Tadeo.
A las nueve de la mañana comenzaron a pasar por las mesas todos los mayores de 18 años que, además, iban en familia, como si fuera un día tan entrañable como el de Navidad y luego de echar su papeleta en la urna, muy contentos se marchaban a la chocolatería "La Liebre enana", a tomarse un chocolate con churros que era el mejor que se podía tomar en todos los jardines de la Urbanización.
Cuando llegaron las diez de la noche no había nadie en la calle, ni tan siquiera los niños. Todos estaban frente al televisor esperando los resultados. La cosa estaba muy reñida aunque desde un principio se sabía que la lucha iba a ser entre el Topillo Pitymy y el Caracol Tadeo porque el Ciempiés... ¡vamos, que lo tenía todo perdido! Nadie sabía como había podido tener el atrevimiento de presentarse como Alcalde con la mala salud que tenía. Pero bueno, como tiene que haber gustos para todos, esta circunstancia hacía más divertida la rivalidad.
Ya terminaba el recuento , sólo quedaban las dos últimas papeletas y el Topillo Pitymy y el Caracol Tadeo estaban empatados a puntos, cuando el Jefe de Mesa las leyó, las dos cayeron hacia el bando de Tadeo lo que le hizo dar a Milagritos un salto que por poco se hace un chichón con el techo de su casa. Todos salieron a la calle con sus banderolas en la mano gritando: ¡Tadeo, Tadeo!! y Milagritos más guapa que nunca, agarró a Trapisondas por el brazo y no la soltó hasta que acabó el rollo de fotos entre su marido y ella.
Pero como en estos festejos siempre suceden cosas para comentar, aquel día también sucedió algo inesperado. Cuando estaba todo el gentío gritando: ¡¡Tadeo para Alcalde, Tadeo para Alcalde!! a Milagritos no se le ocurrió otra cosa que empujar a su marido para que se subiera a la tarima a saludar a los ciudadanos que allí se habían reunido y como estaba tan orgullosa y tan contenta de ser la alcaldesa, o así ella lo creía, también se subió para hacerle compañía a Tadeo. Mientras saludaban con la mano y tiraban besitos al público, los dos saltaban sobre la tarima muy contentos mientras gritaban: ¡Viva el jardín de Milagritos!, y no se sabe muy bien como fue pero el caso es que, en uno de los saltitos, pegaron un resbalón y fueron a parar muy abrazaditos, al barril lleno de agua con hielo donde se refrescaban las coca-colas que ofrecía gratis el futuro Ayuntamiento.
¡Bueno, bueno, bueno! Los abejorros que estaban de guardia para que no hubiera ningún desorden, empezaron a llamar por sus radios a toda la policía porque veían que, sin haber empezado todavía, ya se quedaban sin Alcalde. En un santiamén estaban allí las avispas policías, los moscardones con sus instrumentos, todos los abejorros que estaban de guardia y las polillas con sus helicópteros volaron bajo por si eran necesario su apoyo. Al fin la que lo arregló todo, fue la Mariquita Doctora Doña Antoñita que llegó en la ambulancia y se llevó al matrimonio al Hospital para reanimarlos de la heladera que habían cogido.
Pero al día siguiente que era domingo todo el mundo volvió a estar contento. El caracol Tadeo y la Babosa Milagritos, salieron al balcón de su casa a saludar a la multitud que se había acercado a vitorearlos y, aunque un poco acatarrados, devolvieron el saludo y se dieron un besito que, eso sí, fue captado por la cámara de la Lagartija Trapisondas. Y hay que decir que el Lunes siguiente se acabaron los ejemplares de la Revista “Dimes y Diretes” y tuvieron que hacer otra tirada, cosa que a Trapisondas la tenía más contenta que unas castañuelas, cantaba como un jilguero y era la más feliz del jardín. Y desde aquel día, el caracol Tadeo siempre que salía a la calle lo hacía llevando en la mano su bastón de mando para que nadie se olvidara de que el Alcalde era él.
¡Ah! Y Milagritos acabó con la existencia de sombreros de la tienda "Todo es un Chollo", que desde entonces consiguió vender artículos importados del extranjero. Ya lo explicaremos, ya...
Y colorín colorado.... ¡hasto pronto....!

jueves, 27 de marzo de 2008

EL NACIMIENTO

EL NACIMIENTO


Un día del mes de mayo, la Babosa Milagritos y al Caracol Tadeo fueron padres de un niño y una niña, o sea, para que nos entendamos: de un caracol y de una babosita. Al caracol le pusieron de nombre Fidelio por aquello de la ópera de Beethoven a la que Milagritos, ya sabéis, era muy aficionada; y a la babosita intentó por todos los medios ponerle el nombre de una soprano famosa, peroa eso se negó rotundamente el caracol Tadeo porque, le dijo: “ ...es peligroso ya que da lugar a confusiones...”, y después de mucho discutir y alguna lagrimita que otra surgida de los ojos de Milagritos, la babosita recién nacida, acabó llamándose Maritere que era el nombre de una tía segunda del caracol Tadeo a la que tenía mucho cariño porque siempre había hecho de canguro cuando él era un niño y sus papás salían alguna noche a ver una obra de teatro.
Aquel día se celebraba el bautizo de los dos hermanos y el jardín estaba lleno de invitados que vestían sus mejores galas. De entre todos ellos la que más destacaba era la abubilla Felicitas que se atrevió a ir a la nueva peluquería “El canto de la alondra” donde, Doña Copete que era la Directora, le hizo unos bucles en la cresta de los que no paraba de presumir.
En una mesa hecha con una caja de zapatos de un cartón con dibujos muy bonitos que habían encontrado cerca de un contenedor para el papel, pusieron todos los regalos recibidos para que pudiera contemplarlos todo aquel que quisiera curiosear mientras la lagartija Trapisondas, con la máquina de fotografiar en ristre, se pasaba el rato fijando el objetivo en uno y en otro para luego poder hacer un excelente artículo en su Revista “Dimes y Diretes.”
Milagritos había estado preparando el bufete para agasajar a los asistentes al festejo y se pasó una semana destilando agua de lluvia a la que añadió unos polvos especiales que le compró al Topillo Pitymy en su tienda "Todo es un Chollo"con los que hizo una bebida con gas muy parecida a la gaseosa que tuvo mucho éxito y de la que, además, se agotaron las existencias.
Se encontraban todos muy contentos disfrutando de la fiesta. Unos paseaban mientras charlaban de mil cosas diferentes y se acercaban de vez en cuando a probar los canapés de frambuesa, de moras y de cerezas que a Milagritos le habían quedado riquísimos y otros contemplaban a los recién nacidos que descansaban entres sol y sombra, dentro de sus nuevas cunitas, un regalo del pájaro carpintero Don Torcuato que las había fabricado con la cáscara de una nuez que le había quedado vacía cuando le regaló el fruto a la ardilla Petigrís con la que andaba tonteando un poco.
Pues como decimos, todos se estaban divirtiendo, paseando, comiendo y escuchando la música de los ratones "Melenudos Guay" que se habían ofrecido para amenizar la fiesta, cuando, de pronto, de la parte en donde se encontraban descansando los dos hermanitos, comenzaron a surgir unos gritos de terror.
-¡Socorro, socorro! ¡Que se la lleva en el pico!
-¡Suéltala! ¡Suéltala!- se oía gritar entre un alboroto general.
El caracol Tadeo, al oír los gritos, dejó plantado con la palabra en el pico a Don Búho de Noche con el que se encontraba hablando sobre la economía del jardín y que, aquel día, se había puesto el chaqué con pantalón a rayas que sólo usaba en ocasiones importantes, para salir corriendo seguido de Milagritos hacia donde estaban sus dos pequeños hijos. Milagritos, al ver lo que sucedía le dio un ataque de histeria y empezó a patalear, se quitó el sombrero ,y comenzó a darle sombrerazos a un enorme cuervo que llevaba en su pico a la pequeña babosita Maritere a la cual había sacado de su cunita con la intención de zampársela.
Los gritos cada vez eran más espeluznantes y cada cual hacía lo que podía para que aquel oscuro pájaro devolviera a la babosita sana y salva. Las mujeres le sacudían con sus bolsos, los hombres sólo intentaban hablar con serenidad, como siempre hacen, para poner orden en la situación, pero nadie les oía y el pobre Tadeo, mientras lloraba a lágrima viva, agarró el bastón de un ciempiés cojo que estaba de mirón y comenzó a darle bastonazos en el pico al cuervo hasta que éste, asustado ante tanto alboroto, soltó a la babosita. Milagritos, descompuesta, la cogió entre sus brazos y comenzó a acunarla al mismo tiempo que Tadeo buscaba a la Mariquita Antoñita que era la médico que les correspondía por la Seguridad Social y que rápidamente se puso las gafas, y con el fonendoscopio en los oídos empezó a auscultar a Maritere.
Se hizo el silencio en el jardín a la espera del diagnóstico y al cabo de unos minutos, la Doctora Antoñita se quitó las gafas y el fonendoscopio y levantando las manos para tranquilizar a todos, dijo:
-¡No pasa nada! ¡Tranquilos! Está tan perfectamente bien que ni siquiera se ha despertado.
Todos aplaudieron contentos y Trapisondas aprovechó para fotografiar el beso que se dieron Tadeo y Milagritos con su hijita en brazos y el pequeñin Fidelio en la cuna.
Los invitados comenzaron a retirarse a sus casas demasiado afectados por el acontecimiento que podía haber sido muy grave y la Doctora Antoñita tuvo que dedicarse a poner en orden las plumas del cuervo que tuvo la mala ocurrencia de querer comerse a la pequeña babosita Maritere.
Pronto llegó la noche y mientras las hormigas acompañadas de las cochinillas y los escarabajos se ofrecieron para dejar limpio el jardín, la familia de Tadeo y Milagritos se refugiaron en su casa debajo del girasol y antes de acostarse se tomaron una tila con poleo para calmar tantos nervios como habían pasado. Y es que en esta vida siempre hay que estar preparados para las sorpresas inesperadas.
¡Ah! Se me olvidaba... Aquella semana se acabaron todos los ejemplares de la Revista “Dimes y Diretes” porque aquel suceso que estuvo a punto de causar una desgracia era muy interesante.... pero, afortunadamente, todos acabaron contentos... Otro día explicaré otra historia.

miércoles, 26 de marzo de 2008

LA FIESTA Y LA MIEL

Como ya contamos el otro día, se hizo una fiesta fenomenal en el Jardín de Milagritos el día que la condecoraron a ella y a la Hormiga Cabezagrande por aquel acto de solidaridad que habían tenido con la Oruga Doña Pelitos. ¡Bueno, bueno, como se pusieron de guapas! La Babosa Milagritos se puso ¡una pamela! Tan grande que casi no se la veía y cuando llegó el momento de prender la medalla, el Alcalde de la Urbanización de al lado, que era un Mirlo un poco viejo y que se llamaba Don Amarilis, le colocó la medalla en el primer sitio que encontró y que era la pamela enorme que Milagritos llevaba en la cabeza. Pero lo grave fue lo que pasó después. La historia se estuvo comentando toda la semana en el jardín y se acabaron todas la ediciones de la Revista "Dimes y Diretes".

Resulta que Milagritos se quiso calzar sus zapatos de tacón de aguja y como estaba un poco gorda no le quedaban demasiado bien y andaba un poco patizamba, el caso es que, a pesar de que su marido el Caracol Tadeo cuando la vio, le dijo:
-Milagritos, con esos tacones te vas a pegar un morrón y vamos a tener que llamar al Samur para que te lleve en una ambulancia al Hospital.
Milagritos que siempre le gustaba hacer su santa voluntad, no le hizo caso a Tadeo y cuando daba la vuelta después de ser condecorada, entre que con las alas de la pamela apenas veía y los tacones que parecían unos zancos, al ir a sentarse en su silla, no calculó bien la distancia del escalón de la tarima y allá se fue toda ella enterita a besar el suelo. La pamela salió rodando por un lado, la medalla la tuvieron que buscar entre todos y, al final, la encontró la Abubilla Felicitas, en la rama de un cerezo confundida entre los frutos. Los zapatos de tacón quedaron hechos un desastre; un tacón roto y el otro clavado en la tierra que no había quien lo sacara. Cabezagrande, que quiso ayudar a su amiga, como era la segunda para recibir la condecoración, no se sabe muy bien por qué, en el tumulto todo el mundo creyó que ya habían dado las dos medallas y se quedó sin ella, lo que le dio tanta pena que le entró una llantina de padre y muy señor mío.
Pero ahí no acabó todo. Como decíamos en otro cuento, resulta que al marido de Doña Pelitos que se había hecho amigo de las abejas que libaban en la flor del tomillo, le regalaban los excedentes de miel cuando se tuvo que jubilar para que alimentara a su familia y aquel día, todas las abejas quisieron participar de la fiesta mientras los zánganos, que son los que hacen el trabajo duro, cuidaban de su reina. En una mesa que habían fabricado con la hoja de un nenúfar pusieron todos los tarritos de miel hechos con capullitos de la flor Diente de León pero la pobre Milagritos con los traspiés que dio antes de dar con su cuerpecito en el suelo, para intentar no caerse, se agarró al nenúfar que hacía de mesa, con tan mala fortuna que los tarritos saltaron por los aires pringando de miel a todos los asistentes.
El Caracol Tadeo que era muy dispuesto para todas las emergencias, llamó al Presidente de la Comunidad para pedirle que abriera la piscina y todos pudieran bañarse y desprenderse un poco de la miel pero, también hay que decir que el Señor Alcalde del jardin de al lado, el Mirlo Don Amarilis, se fue enfadadísimo y sin querer bañarse.
La Lagartija Trapisondas hizo un editorial explicando que aquel Alcalde estuvo una semana en cama limpiándose las plumas con colonia de violetas y aceite de benjuí. Pero todo este lío tuvo un buen final y es que sirvió para que el Jardín de Milagritos, adelantara las elecciones para elegir un Alcalde propio y no tener que llamar a ninguno de otra Urbanización. Total, que convocaron a todos los hombres para que presentaran sus candidaturas. Pero todo esto es otra historia que ya explicaremos en otra ocasión, cuando suceda el evento.
En fin que aquel día, los únicos que salieron ganando fueron la Urraca Pica-Pica que se llevó un montón de perlas de tantos collares como se rompieron y el Topillo Pitymy que se las compró a bajo precio y las guardó esperando una buena ocasión.
Pero no le salió tan bien el negocio como esperaba, no. Ya os lo explicaremos otro día. Ahora vamos a observar como las Hormigas trabajadoras ponen orden en el jardín para que todos puedan descansar por la noche. ¡Hasta pronto, amiguitos!

martes, 25 de marzo de 2008

EL TESORO DEL JARDÍN



El Topillo Pitymy vivía en el sótano izquierda del Jardín de la Babosa Milagritos y era el dueño de la única tienda "Todo es un chollo" que había en los alrededores. No tenía demasiados amigos porque todos lo consideraban un usurero que se aprovechaba de la necesidad de los vecinos y sólo tenía por amiga a la Urraca Pica-Pica que siempre le llevaba bolitas de vidrio muy brillantes que acostumbraba a coger sin permiso, de cualquier sitio que se le antojara.
Un día que la Babosa Milagritos estaba tejiendo unos patucos para el primer bebé que esperaba, sentada encima de una margarita al lado de su casa que, desde que se casó con el Caracol Tadeo, era el girasol más grande del Jardín por aquello de que querían ser familia numerosa; como digo, cuando estaba menguando unos puntos para hacer el talón, se acercó la Hormiga Cabezagrande y le dijo:
-Milagritos, sé donde hay un tesoro- y sin decir más comenzó a subir por el tallo de la margarita donde estaba sentada Milagritos para contarle en secreto su descubrimiento.
Milagritos, que era muy curiosona y no se perdía una de lo que pasaba en el Jardín, guardó la labor y se puso las antiparras para oír bien. ¡No! no os asombréis, ya sé que todos sabéis que unas antiparras son unas gafas y eso no se necesita para oír mejor, pero Milagritos así lo creía y siempre que le explicaban un chisme de lo que pasaba en la Sociedad del Jardín, se colocaba las antiparras. Era una costumbre tonta que tenía.
-La Urraca Pica-Pica esconde algo entre el césped que hay en la piscina- le dijo la Hormiga -la he visto hurgando entre la hierba más de una vez y cuando ve que me acerco, se pone a silbar haciéndose la tonta. Si te atreves, vamos ahora que no hay nadie, aprovechando que está la piscina cerrada y lo cogemos y nos lo repartimos.
Milagritos se quedó pensativa durante un rato. A ella no le parecía bien coger algo que no le pertenecía, aunque todos sabían que a las urracas eso no les importaba demasiado, porque vivían de esas cosas. Pero se acordó que su vecina la Oruga Doña Pelitos, estaba pasando un mal momento económico porque a su marido le había llegado el momento de la jubilación y ya no trabajaba. Se pasaba el día durmiendo envuelto cada vez un poco más en el capullo de seda que estaba formando para poder ser una crisálida y transformarse en mariposa y Doña Pelitos como tenía que alimentar a siete gusanitos que todavía le quedaban por criar, la pobre lo estaba pasando fatal. Así que Milagritos pensó que, si de verdad había un tesoro en el jardín, la que más se lo merecía era la Oruga Pelitos y allá se fue con Cabezagrande en busca de ese tesoro que decía estaba escondido.
Cabezagrande la guió hasta un rincón del césped que rodeaba la piscina, allí donde empezaba la enredadera que cubría la pared. Empezó a excavar con sus patitas y ayudada de sus poderosas mandíbulas, hizo un agujero en la tierra por donde desapareció. Milagritos se quedó esperando mucho rato vigilando que nadie las viera disimulando que tomaba el sol y cuando ya estaba preocupada porque Cabezagrande tardaba un montón en salir, vio que aparecían sus antenas por el agujero y entre sus patas traía bien agarrada la canica de colores irisados más bonita que jamás se había visto. La guardaron corriendo en una campanilla que usaron como bolsa y mientras se la llevaban, Milagritos le explicó a la Hormiga los problemas que la Oruga Doña Pelitos tenía con su marido.
Cabezagrande que era una Hormiga muy buena, comprendió los apuros de su vecina y entre las dos decidieron ayudarla.Pensaban acercarse a su casa para hablar con ella y entregarle la canica para que hiciera lo que quisiera pero, por no molestar, decidieron llamarla por el móvil y después de hablar un rato, acordaron que lo mejor era vender la canica al Topillo Pitymy y allá se fueron las tres para hacer un buen negocio y ayudar, de esta manera, a la Oruga Doña Pelitos a salir de apuros.
¡Ah! Para que todos lo sepáis. La Lagartija Trapisondas que como ya sabéis es la periodista, fotógrafa y Directora de la Revista semanal "Dimes y Diretes" que sale semanalmente en el Jardín, propuso en la de aquella semana que a Milagritos y a Cabezagrande, les concedieran la Medalla de las Ayudadoras de las Orugas necesitadas y ¡menuda fiesta se organizó aquel día...! ¡Ya lo explicaremos...ya!