sábado, 29 de marzo de 2008

MILAGRITOS PRESUME DE ALCALDESA




¡La de cosas que hizo Milagritos desde que Tadeo fue elegido Alcalde! ¡No podeis ni imaginaros! La primera ocurrencia que tuvo fue decirle a la Lagartija Trapisondas que siempre que se hablara de ella en la Revista Dimes y Diretes se le diera el tratamiento de "Señora Alcaldesa", ¡y cómo se puso de enfadado el caracol Tadeo cuando se enteró de aquella sandez! Estuvo una semana sin hablarle, sólo cuando llegaba a casa después de dejar el Despacho del Ayuntamiento donde él sí era el Alcalde, le decía a Milagritos muy enfurruñado y con mucho retintín: "A ver, se-ño-ra al-cal-de-sa, ¿está ya la cena?" Milagritos, que no se apeaba de sus ideas así como así, no le respondía, le ponía el plato en la mesa y ella se iba a comer a la cocina, hasta que la cosa se arregló,claro. Pero no sabéis cómo se arregló. Os lo voy a explicar.
Pues resulta que a Milagritos tanto se le subió el título de Alcaldesa a la cabeza que comenzó a dar conferencias una vez a la semana para todas las señoras del Jardín y también invitaba a las que vivían en los alrededores. Unas veces hablaba sobre cómo se cuidaba a los bebés, otra de cómo se conservaban frescas las flores de interior y otras de cualquier cosa que se le ocurriera; hasta una de las veces en las que no tenía tema, se puso a disertar de astronomía ¡fijaros bien! y eso era una cosa de la que ella no entendía ni torta, vamos, pero... se estudió un libro que hablaba de los planetas y que encontró entre los trastos viejos del desván y allá que fue a contarles a las señoras cómo se trasladaban por el cielo Marte, Júpiter, Urano y Neptuno, y no sé cuántas cosas más que se le ocurrieron, así de pronto, unas verdaderas y otras inventadas para salir del paso. También se hizo socia de cualquier Asociación que conocía y además ella fundó algunas cuantas ONGs para ayudar a unos y otros o lo que fuere, daba igual, el caso era ser la Presidenta de algo. Pero lo peor de todo y aquí es dónde está la historia de este cuento, es como comenzó a comprar en la tienda del Topillo Pitymy "Todo es un chollo", cualquier cosa que se le antojara. Como el Topillo Pitymy había conseguido la licencia para exportar mercancías del extranjero, Milagritos le compraba todas las novedades que traía, desde collares de conchas que llegaban de Filipinas, hasta kimonos de seda natural traidos de China y un sinfin de chucherías de todo tipo, pañuelos para el cuello, diademas, horquillas, y hasta se hizo con una colección de zapatos que ya-ya¡¡
Bueno, pues un día, cuando estaba rebuscando entre unas babuchas de la India en "Todo es un chollo", el Topillo Pitymy le dijo:
-Señora Alcaldesa - (el topillo era muy listo y sabía que si no la llamaba así no le compraba nada)- Nos acaban de llegar de París unas cremas para la cara que dejan la piel fina como el pétalo de una amapola y después de usarla una semana, todas sus amigas le dirán que parece que le han quitado diez años de encima... ¡Pruébela, pruébela... señora alcaldesa!- le decía el topillo muy zalamero.
Y Milagritos cayó en la trampa. Eran unos tarros muy bonitos que tenían la forma de una flor de lis y una tapa de cristal amarillo preciosa y, ni corta ni perezosa, compró, una para la noche, otra para el día, una de contorno de ojos, otra de contorno de labios y la última para los cuernecitos y las orejas.Y ahí empezó todo, amiguitos... Después de pagarle al topillo lo que su marido ganaba en un mes, comenzó el unte en la cara.
La primera noche, Milagritos notó un poco de picor cuando extendió la crema pero no le dio mucha importancia, pero cuando por el día, al mirarse al espejo vio que tenía las mejillas enrojecidas, aunque primero pensó que era del sol que le había dado mientras tendía la ropa, al tercer y cuarto día de ponerse los mejunjes, vio como se le hincharon los ojos, tanto que apenas si parecían dos rendijas, la nariz era como una patata y la cara acabó siendo una mezcla de granos de todos los tamaños, hasta el punto de que cuando se vio, se echó a llorar como una magdalena y cuanto más lloraba más se le hinchaban los ojos y más se le enrojecía la cara. ¡la que se organizó! porque luego, al mirarse con más atención en el espejo de aumento en ese que se le veía la cabeza tan grande como una calabaza, observó con terror que de las orejitas, salían unos pelos negros que ella sólo los había visto en los rabos de los ratones cantantes "Los Melenudos Guay". ¡Ay, Dios mío! No había manera de que le parara la llantina pero, de pronto, se calló, se secó las lágrimas, se ajustó los pantalones de cuadros, se puso un jersey de rombos, cogió el sacudidor de las alfombras, se puso el casquete con el velo que le tapaba media cara para disimular un poquito y se fué a ver al topillo a su tienda "Todo es un chollo". Allí se quitó el sombrero y cuando Pitymy la vio, casi se desmaya del susto ¡Aquello parecía una paella a la valenciana.ª
- ¡Esto es una urticaria, Milagritos! (aquí se olvidó ya del tratamiento), vete a ver a la mariquita Doña Antoñita que está en el ambulatorio, que lo que tienes es una alergia- le decía mientras se resguardaba con las manos de los zurriagazos que le daba Milagritos con el sacudidor. Al final, le hizo caso al topillo y se fue al ambulatorio acompañada de la Lagartija Trapisondas que, como no se perdía una, a escondidas, le sacó unas cuantas fotos para su Revista.
Cuando tenía toda la cara embadurnada con una pomada que le puso la Mariquita Antoñita, llegó Tadeo al Hospital haciendo pucheros porque, la verdad es que quería mucho a su Babosita Milagritos y le dio un abrazo tan fuerte que casi se le escapa de las manos de lo resbaladiza que estaba con tanto pringue como le habían puesto pero, bueno, eso no le importó. Al día siguiente, Milagritos tenía otra vez su cara tan limpia como siempre y aunque tuvo que estar un mes sin ponerse ninguna crema ni maquillaje y por lo tanto sin salir de casa para que nadie la viera, esto le sirvió para que dejara de presumir de Alcaldesa, hizo las paces con su marido el caracol Tadeo y al Topillo Pitymy le compró sólo lo que era absolutamente necesario.
Desde entonces se preocupó nada más que de sacar a pasear a sus dos hijitos y de prepararle unas buenas comidas a su caracol Tadeo y aunque, de vez en cuando, echaba de menos dar alguna conferencia que otra, pensó en que ya buscaría algún científico de esos pesados que explican cosas que nadie entiende o algún sabio raro de esos que saben muchas cosas pero que las olvidan enseguida, y los invitaría a que dieran conferencias para las señoras del jardín. Naturalmente ella se sentaría en la tarima al lado del conferenciante, para eso era la organizadora. Bueno... todo eso eran cosas que se le ocurrían a Milagritos para no aburrirse.
¡Ah! Las revistas Dimes y Diretes en la que se veían las fotos de Milagritos hecha una pena, no salieron a la venta porque el primer ejemplar, que fue a parar al Ayuntamiento, cuando lo vio el caracol Tadeo, llamó a la lagartija Trapisondas y le dijo, ¡muy enfadadol! que si no las retiraba le cerraba la imprenta por desacato a la autoridad. De su Milagritos no se reía nadie...¡faltaría más...!
Trapisondas echó alguna que otra lagrimita porque sabía que la revista habría tenido mucho éxito con aquellas fotos pero no quiso empeorar las cosas y aquella semana no hubo tirada de "Dimes y Diretes". Es que todo no puede ser... ¡de verdad... vamoooos...! Adiooooos amiguitos.

viernes, 28 de marzo de 2008

LA ELECCIÓN DE ALCALDE




Por fin se habían decidido a elegir alcalde en el Jardín de Milagritos. ¡Madre mía el jaleo que había por todo el jardín! Lo primero que hicieron fue una presentación de los candidatos que eran muchísimos, pero los que tenían posibilidades de triunfar sólo eran tres: El Topillo Pytimy, El Ciempiés Patatiesa y el Caracol Tadeo.
La presentación querían hacerla en una sala de la tienda del Topillo Pytimy "Todo es un Chollo" pero cuando vieron la cantidad de gente que estaba interesada en conocerlos, se dieron cuenta de que allí no cabían tantos y decidieron presentarlos al aire libre, en el hueco del parterre, donde estaban floreciendo unos alhelíes muy bonitos que perfumaban mucho el ambiente.
Los candidatos iban cada uno vestido según sus ideas, o sea, a su aire. Unos con corbata, otros en camiseta y alguno incluso se puso sombrero cosa que hizo más que reír al personal porque eso ya no se estilaba ni desde los tiempos de la abuela Nicolasa que era la tortuga más vieja que nadie había conocido, además de ser la abuela de Milagritos como ya sabeis.
Todos fueron muy aplaudidos cuando hablaron, bueno... el que menos, dicho así entre nosotros..., fue el Ciempiés Patatiesa. Cuando lo vieron tan ajado y con una muleta y un bastón, nadie pensó que podría ser un buen Alcalde pero, aun así y todo, tuvo un montón de aplausos. Después de exponer cada uno sus argumentos para que todo funcionara bien en el jardín, los tres candidatos que ya hemos mencionado, acordaron que las elecciones se celebrarían el sábado siguiente cuando todo el mundo estaba en su casa sin tener que ir a trabajar. Así que después de que el Alcalde del Jardín de la casa de al lado el mirlo Don Amarilis les diera a los tres candidatos la oportunidad de decir unas últimas palabras, recogieron las banderolas que tenían colgadas y cada uno se fue a su casa esperando el día tan ansiado.
La semana fue de lo más movido, propaganda por todas partes, pegatinas que se encontraban hasta en la suela de los zapatos y Milagritos, como podéis imaginar, fue la que más se preocupó de repartir papeletas con la foto de su marido y una frase que decía: " Si quieres que todo cambie, Tadeo será el Alcalde". Si hemos de ser sinceros, la frase no era de lo más acertado pero a Milagritos fue la que más le gustó después de escribir más de cien para escoger la preferida. La pura verdad era que eso de ser la futura señora del Alcalde, a Milagritos se le había subido a la cabeza; tanto es así, que ya no salía a la calle sin el sombrero puesto y como sólo tenía uno, fue rápidamente a la tienda "Todo es un Chollo" a comprarse un par de ellos para tener de recambio. En un principio quiso comprarse una pamela llena de flores pero como ya tenía la de las cerezas que se puso el día de la condecoración, escogió un sombrerito pequeño con forma de casquete con un velo de tul que le tapaba la mitad de la cara y que le pareció muy elegante, aunque el primer día que salió a la calle con él puesto, los hijos de la oruga Doña Pelitos, que por cierto eran un poco gamberros, casi se mueren de risa al verla. Pero...sí, el sombrero no le quedaba muy bien, parecía que se había puesto en la cabeza un tiesto con adornos aunque nadie se atrevió a decirle nada, claro, ni siquiera la lagartija Trapisondas que la miró con un poco de envidia y no quiso hacerle ninguna foto.
El otro sombrero que se compró tenía unas plumas que, cuando se lo puso, más que una pequeña y dulce Babosita, parecía un gallo de pelea, sin embargo, ella se sentía feliz y no le importaban los comentarios de la gente. Tampoco salía sin pintarse los morrines con el glosse brillante de color rosa chicle chillón y todos los días, antes de acostarse, se ponía una redecilla en el pelo para que no se le deshicieran los rizos de la permanente que le había hecho la alondra Doña Copete en su peluquería, y además se cubría los ojos con un antifaz porque decía que así, por la mañana estaban más brillantes. y se le veían más grandes Tenéis que recordar que Milagritos era una Babosa muy, pero que muy presumida. Al pobre Tadeo lo tenía loco, cuando por la noche se iba a la cama después de estudiar toda la tarde las necesidades de la comunidad para poder ser un buen Alcalde, casi se moría del susto al ver a su mujercita de aquella guisa. Entre el antifaz y la redecilla, Milagritos parecía un extraterrestre y su marido el caracol Tadeo tenía que levantarse todas las noches a serenarse un poquito con el aire que entraba por la ventana del jardín antes de quedarse dormido.
Bueno, el caso es que entre una cosa y otra, llegó el día de la votación. La primera que salió a la calle fue, por supuesto, la Lagartija Trapisondas con la cámara colgada del cuello, con sus vaqueros más cómodos y las deportivas de color rosa de la última hornada que vendió Pitymy en su tienda "Todo es un Chollo", dispuesta a perpetuar todos los acontecimientos en su Revista “Dimes y Diretes”, y los siguientes fueron las Bandas de Música. Los moscardones uniformados de azul con sus instrumentos bien afinados, comenzaron a pasear despertando a los habitantes del jardín para recordarles que era el día de la votación del Alcalde. Aquella algarabía dio todavía más alegría a la fiesta y nadie se quedó en casa. No había ninguno que no estuviera contento y el que más y el que menos se hacía el misterioso para que nadie supiera a quien iba a votar, sólo se conocía el candidato de la Babosa Milagritos que, de todos era bien conocido, sería su marido el caracol Tadeo.
A las nueve de la mañana comenzaron a pasar por las mesas todos los mayores de 18 años que, además, iban en familia, como si fuera un día tan entrañable como el de Navidad y luego de echar su papeleta en la urna, muy contentos se marchaban a la chocolatería "La Liebre enana", a tomarse un chocolate con churros que era el mejor que se podía tomar en todos los jardines de la Urbanización.
Cuando llegaron las diez de la noche no había nadie en la calle, ni tan siquiera los niños. Todos estaban frente al televisor esperando los resultados. La cosa estaba muy reñida aunque desde un principio se sabía que la lucha iba a ser entre el Topillo Pitymy y el Caracol Tadeo porque el Ciempiés... ¡vamos, que lo tenía todo perdido! Nadie sabía como había podido tener el atrevimiento de presentarse como Alcalde con la mala salud que tenía. Pero bueno, como tiene que haber gustos para todos, esta circunstancia hacía más divertida la rivalidad.
Ya terminaba el recuento , sólo quedaban las dos últimas papeletas y el Topillo Pitymy y el Caracol Tadeo estaban empatados a puntos, cuando el Jefe de Mesa las leyó, las dos cayeron hacia el bando de Tadeo lo que le hizo dar a Milagritos un salto que por poco se hace un chichón con el techo de su casa. Todos salieron a la calle con sus banderolas en la mano gritando: ¡Tadeo, Tadeo!! y Milagritos más guapa que nunca, agarró a Trapisondas por el brazo y no la soltó hasta que acabó el rollo de fotos entre su marido y ella.
Pero como en estos festejos siempre suceden cosas para comentar, aquel día también sucedió algo inesperado. Cuando estaba todo el gentío gritando: ¡¡Tadeo para Alcalde, Tadeo para Alcalde!! a Milagritos no se le ocurrió otra cosa que empujar a su marido para que se subiera a la tarima a saludar a los ciudadanos que allí se habían reunido y como estaba tan orgullosa y tan contenta de ser la alcaldesa, o así ella lo creía, también se subió para hacerle compañía a Tadeo. Mientras saludaban con la mano y tiraban besitos al público, los dos saltaban sobre la tarima muy contentos mientras gritaban: ¡Viva el jardín de Milagritos!, y no se sabe muy bien como fue pero el caso es que, en uno de los saltitos, pegaron un resbalón y fueron a parar muy abrazaditos, al barril lleno de agua con hielo donde se refrescaban las coca-colas que ofrecía gratis el futuro Ayuntamiento.
¡Bueno, bueno, bueno! Los abejorros que estaban de guardia para que no hubiera ningún desorden, empezaron a llamar por sus radios a toda la policía porque veían que, sin haber empezado todavía, ya se quedaban sin Alcalde. En un santiamén estaban allí las avispas policías, los moscardones con sus instrumentos, todos los abejorros que estaban de guardia y las polillas con sus helicópteros volaron bajo por si eran necesario su apoyo. Al fin la que lo arregló todo, fue la Mariquita Doctora Doña Antoñita que llegó en la ambulancia y se llevó al matrimonio al Hospital para reanimarlos de la heladera que habían cogido.
Pero al día siguiente que era domingo todo el mundo volvió a estar contento. El caracol Tadeo y la Babosa Milagritos, salieron al balcón de su casa a saludar a la multitud que se había acercado a vitorearlos y, aunque un poco acatarrados, devolvieron el saludo y se dieron un besito que, eso sí, fue captado por la cámara de la Lagartija Trapisondas. Y hay que decir que el Lunes siguiente se acabaron los ejemplares de la Revista “Dimes y Diretes” y tuvieron que hacer otra tirada, cosa que a Trapisondas la tenía más contenta que unas castañuelas, cantaba como un jilguero y era la más feliz del jardín. Y desde aquel día, el caracol Tadeo siempre que salía a la calle lo hacía llevando en la mano su bastón de mando para que nadie se olvidara de que el Alcalde era él.
¡Ah! Y Milagritos acabó con la existencia de sombreros de la tienda "Todo es un Chollo", que desde entonces consiguió vender artículos importados del extranjero. Ya lo explicaremos, ya...
Y colorín colorado.... ¡hasto pronto....!

jueves, 27 de marzo de 2008

EL NACIMIENTO

EL NACIMIENTO


Un día del mes de mayo, la Babosa Milagritos y al Caracol Tadeo fueron padres de un niño y una niña, o sea, para que nos entendamos: de un caracol y de una babosita. Al caracol le pusieron de nombre Fidelio por aquello de la ópera de Beethoven a la que Milagritos, ya sabéis, era muy aficionada; y a la babosita intentó por todos los medios ponerle el nombre de una soprano famosa, peroa eso se negó rotundamente el caracol Tadeo porque, le dijo: “ ...es peligroso ya que da lugar a confusiones...”, y después de mucho discutir y alguna lagrimita que otra surgida de los ojos de Milagritos, la babosita recién nacida, acabó llamándose Maritere que era el nombre de una tía segunda del caracol Tadeo a la que tenía mucho cariño porque siempre había hecho de canguro cuando él era un niño y sus papás salían alguna noche a ver una obra de teatro.
Aquel día se celebraba el bautizo de los dos hermanos y el jardín estaba lleno de invitados que vestían sus mejores galas. De entre todos ellos la que más destacaba era la abubilla Felicitas que se atrevió a ir a la nueva peluquería “El canto de la alondra” donde, Doña Copete que era la Directora, le hizo unos bucles en la cresta de los que no paraba de presumir.
En una mesa hecha con una caja de zapatos de un cartón con dibujos muy bonitos que habían encontrado cerca de un contenedor para el papel, pusieron todos los regalos recibidos para que pudiera contemplarlos todo aquel que quisiera curiosear mientras la lagartija Trapisondas, con la máquina de fotografiar en ristre, se pasaba el rato fijando el objetivo en uno y en otro para luego poder hacer un excelente artículo en su Revista “Dimes y Diretes.”
Milagritos había estado preparando el bufete para agasajar a los asistentes al festejo y se pasó una semana destilando agua de lluvia a la que añadió unos polvos especiales que le compró al Topillo Pitymy en su tienda "Todo es un Chollo"con los que hizo una bebida con gas muy parecida a la gaseosa que tuvo mucho éxito y de la que, además, se agotaron las existencias.
Se encontraban todos muy contentos disfrutando de la fiesta. Unos paseaban mientras charlaban de mil cosas diferentes y se acercaban de vez en cuando a probar los canapés de frambuesa, de moras y de cerezas que a Milagritos le habían quedado riquísimos y otros contemplaban a los recién nacidos que descansaban entres sol y sombra, dentro de sus nuevas cunitas, un regalo del pájaro carpintero Don Torcuato que las había fabricado con la cáscara de una nuez que le había quedado vacía cuando le regaló el fruto a la ardilla Petigrís con la que andaba tonteando un poco.
Pues como decimos, todos se estaban divirtiendo, paseando, comiendo y escuchando la música de los ratones "Melenudos Guay" que se habían ofrecido para amenizar la fiesta, cuando, de pronto, de la parte en donde se encontraban descansando los dos hermanitos, comenzaron a surgir unos gritos de terror.
-¡Socorro, socorro! ¡Que se la lleva en el pico!
-¡Suéltala! ¡Suéltala!- se oía gritar entre un alboroto general.
El caracol Tadeo, al oír los gritos, dejó plantado con la palabra en el pico a Don Búho de Noche con el que se encontraba hablando sobre la economía del jardín y que, aquel día, se había puesto el chaqué con pantalón a rayas que sólo usaba en ocasiones importantes, para salir corriendo seguido de Milagritos hacia donde estaban sus dos pequeños hijos. Milagritos, al ver lo que sucedía le dio un ataque de histeria y empezó a patalear, se quitó el sombrero ,y comenzó a darle sombrerazos a un enorme cuervo que llevaba en su pico a la pequeña babosita Maritere a la cual había sacado de su cunita con la intención de zampársela.
Los gritos cada vez eran más espeluznantes y cada cual hacía lo que podía para que aquel oscuro pájaro devolviera a la babosita sana y salva. Las mujeres le sacudían con sus bolsos, los hombres sólo intentaban hablar con serenidad, como siempre hacen, para poner orden en la situación, pero nadie les oía y el pobre Tadeo, mientras lloraba a lágrima viva, agarró el bastón de un ciempiés cojo que estaba de mirón y comenzó a darle bastonazos en el pico al cuervo hasta que éste, asustado ante tanto alboroto, soltó a la babosita. Milagritos, descompuesta, la cogió entre sus brazos y comenzó a acunarla al mismo tiempo que Tadeo buscaba a la Mariquita Antoñita que era la médico que les correspondía por la Seguridad Social y que rápidamente se puso las gafas, y con el fonendoscopio en los oídos empezó a auscultar a Maritere.
Se hizo el silencio en el jardín a la espera del diagnóstico y al cabo de unos minutos, la Doctora Antoñita se quitó las gafas y el fonendoscopio y levantando las manos para tranquilizar a todos, dijo:
-¡No pasa nada! ¡Tranquilos! Está tan perfectamente bien que ni siquiera se ha despertado.
Todos aplaudieron contentos y Trapisondas aprovechó para fotografiar el beso que se dieron Tadeo y Milagritos con su hijita en brazos y el pequeñin Fidelio en la cuna.
Los invitados comenzaron a retirarse a sus casas demasiado afectados por el acontecimiento que podía haber sido muy grave y la Doctora Antoñita tuvo que dedicarse a poner en orden las plumas del cuervo que tuvo la mala ocurrencia de querer comerse a la pequeña babosita Maritere.
Pronto llegó la noche y mientras las hormigas acompañadas de las cochinillas y los escarabajos se ofrecieron para dejar limpio el jardín, la familia de Tadeo y Milagritos se refugiaron en su casa debajo del girasol y antes de acostarse se tomaron una tila con poleo para calmar tantos nervios como habían pasado. Y es que en esta vida siempre hay que estar preparados para las sorpresas inesperadas.
¡Ah! Se me olvidaba... Aquella semana se acabaron todos los ejemplares de la Revista “Dimes y Diretes” porque aquel suceso que estuvo a punto de causar una desgracia era muy interesante.... pero, afortunadamente, todos acabaron contentos... Otro día explicaré otra historia.

miércoles, 26 de marzo de 2008

LA FIESTA Y LA MIEL

Como ya contamos el otro día, se hizo una fiesta fenomenal en el Jardín de Milagritos el día que la condecoraron a ella y a la Hormiga Cabezagrande por aquel acto de solidaridad que habían tenido con la Oruga Doña Pelitos. ¡Bueno, bueno, como se pusieron de guapas! La Babosa Milagritos se puso ¡una pamela! Tan grande que casi no se la veía y cuando llegó el momento de prender la medalla, el Alcalde de la Urbanización de al lado, que era un Mirlo un poco viejo y que se llamaba Don Amarilis, le colocó la medalla en el primer sitio que encontró y que era la pamela enorme que Milagritos llevaba en la cabeza. Pero lo grave fue lo que pasó después. La historia se estuvo comentando toda la semana en el jardín y se acabaron todas la ediciones de la Revista "Dimes y Diretes".

Resulta que Milagritos se quiso calzar sus zapatos de tacón de aguja y como estaba un poco gorda no le quedaban demasiado bien y andaba un poco patizamba, el caso es que, a pesar de que su marido el Caracol Tadeo cuando la vio, le dijo:
-Milagritos, con esos tacones te vas a pegar un morrón y vamos a tener que llamar al Samur para que te lleve en una ambulancia al Hospital.
Milagritos que siempre le gustaba hacer su santa voluntad, no le hizo caso a Tadeo y cuando daba la vuelta después de ser condecorada, entre que con las alas de la pamela apenas veía y los tacones que parecían unos zancos, al ir a sentarse en su silla, no calculó bien la distancia del escalón de la tarima y allá se fue toda ella enterita a besar el suelo. La pamela salió rodando por un lado, la medalla la tuvieron que buscar entre todos y, al final, la encontró la Abubilla Felicitas, en la rama de un cerezo confundida entre los frutos. Los zapatos de tacón quedaron hechos un desastre; un tacón roto y el otro clavado en la tierra que no había quien lo sacara. Cabezagrande, que quiso ayudar a su amiga, como era la segunda para recibir la condecoración, no se sabe muy bien por qué, en el tumulto todo el mundo creyó que ya habían dado las dos medallas y se quedó sin ella, lo que le dio tanta pena que le entró una llantina de padre y muy señor mío.
Pero ahí no acabó todo. Como decíamos en otro cuento, resulta que al marido de Doña Pelitos que se había hecho amigo de las abejas que libaban en la flor del tomillo, le regalaban los excedentes de miel cuando se tuvo que jubilar para que alimentara a su familia y aquel día, todas las abejas quisieron participar de la fiesta mientras los zánganos, que son los que hacen el trabajo duro, cuidaban de su reina. En una mesa que habían fabricado con la hoja de un nenúfar pusieron todos los tarritos de miel hechos con capullitos de la flor Diente de León pero la pobre Milagritos con los traspiés que dio antes de dar con su cuerpecito en el suelo, para intentar no caerse, se agarró al nenúfar que hacía de mesa, con tan mala fortuna que los tarritos saltaron por los aires pringando de miel a todos los asistentes.
El Caracol Tadeo que era muy dispuesto para todas las emergencias, llamó al Presidente de la Comunidad para pedirle que abriera la piscina y todos pudieran bañarse y desprenderse un poco de la miel pero, también hay que decir que el Señor Alcalde del jardin de al lado, el Mirlo Don Amarilis, se fue enfadadísimo y sin querer bañarse.
La Lagartija Trapisondas hizo un editorial explicando que aquel Alcalde estuvo una semana en cama limpiándose las plumas con colonia de violetas y aceite de benjuí. Pero todo este lío tuvo un buen final y es que sirvió para que el Jardín de Milagritos, adelantara las elecciones para elegir un Alcalde propio y no tener que llamar a ninguno de otra Urbanización. Total, que convocaron a todos los hombres para que presentaran sus candidaturas. Pero todo esto es otra historia que ya explicaremos en otra ocasión, cuando suceda el evento.
En fin que aquel día, los únicos que salieron ganando fueron la Urraca Pica-Pica que se llevó un montón de perlas de tantos collares como se rompieron y el Topillo Pitymy que se las compró a bajo precio y las guardó esperando una buena ocasión.
Pero no le salió tan bien el negocio como esperaba, no. Ya os lo explicaremos otro día. Ahora vamos a observar como las Hormigas trabajadoras ponen orden en el jardín para que todos puedan descansar por la noche. ¡Hasta pronto, amiguitos!

martes, 25 de marzo de 2008

EL TESORO DEL JARDÍN



El Topillo Pitymy vivía en el sótano izquierda del Jardín de la Babosa Milagritos y era el dueño de la única tienda "Todo es un chollo" que había en los alrededores. No tenía demasiados amigos porque todos lo consideraban un usurero que se aprovechaba de la necesidad de los vecinos y sólo tenía por amiga a la Urraca Pica-Pica que siempre le llevaba bolitas de vidrio muy brillantes que acostumbraba a coger sin permiso, de cualquier sitio que se le antojara.
Un día que la Babosa Milagritos estaba tejiendo unos patucos para el primer bebé que esperaba, sentada encima de una margarita al lado de su casa que, desde que se casó con el Caracol Tadeo, era el girasol más grande del Jardín por aquello de que querían ser familia numerosa; como digo, cuando estaba menguando unos puntos para hacer el talón, se acercó la Hormiga Cabezagrande y le dijo:
-Milagritos, sé donde hay un tesoro- y sin decir más comenzó a subir por el tallo de la margarita donde estaba sentada Milagritos para contarle en secreto su descubrimiento.
Milagritos, que era muy curiosona y no se perdía una de lo que pasaba en el Jardín, guardó la labor y se puso las antiparras para oír bien. ¡No! no os asombréis, ya sé que todos sabéis que unas antiparras son unas gafas y eso no se necesita para oír mejor, pero Milagritos así lo creía y siempre que le explicaban un chisme de lo que pasaba en la Sociedad del Jardín, se colocaba las antiparras. Era una costumbre tonta que tenía.
-La Urraca Pica-Pica esconde algo entre el césped que hay en la piscina- le dijo la Hormiga -la he visto hurgando entre la hierba más de una vez y cuando ve que me acerco, se pone a silbar haciéndose la tonta. Si te atreves, vamos ahora que no hay nadie, aprovechando que está la piscina cerrada y lo cogemos y nos lo repartimos.
Milagritos se quedó pensativa durante un rato. A ella no le parecía bien coger algo que no le pertenecía, aunque todos sabían que a las urracas eso no les importaba demasiado, porque vivían de esas cosas. Pero se acordó que su vecina la Oruga Doña Pelitos, estaba pasando un mal momento económico porque a su marido le había llegado el momento de la jubilación y ya no trabajaba. Se pasaba el día durmiendo envuelto cada vez un poco más en el capullo de seda que estaba formando para poder ser una crisálida y transformarse en mariposa y Doña Pelitos como tenía que alimentar a siete gusanitos que todavía le quedaban por criar, la pobre lo estaba pasando fatal. Así que Milagritos pensó que, si de verdad había un tesoro en el jardín, la que más se lo merecía era la Oruga Pelitos y allá se fue con Cabezagrande en busca de ese tesoro que decía estaba escondido.
Cabezagrande la guió hasta un rincón del césped que rodeaba la piscina, allí donde empezaba la enredadera que cubría la pared. Empezó a excavar con sus patitas y ayudada de sus poderosas mandíbulas, hizo un agujero en la tierra por donde desapareció. Milagritos se quedó esperando mucho rato vigilando que nadie las viera disimulando que tomaba el sol y cuando ya estaba preocupada porque Cabezagrande tardaba un montón en salir, vio que aparecían sus antenas por el agujero y entre sus patas traía bien agarrada la canica de colores irisados más bonita que jamás se había visto. La guardaron corriendo en una campanilla que usaron como bolsa y mientras se la llevaban, Milagritos le explicó a la Hormiga los problemas que la Oruga Doña Pelitos tenía con su marido.
Cabezagrande que era una Hormiga muy buena, comprendió los apuros de su vecina y entre las dos decidieron ayudarla.Pensaban acercarse a su casa para hablar con ella y entregarle la canica para que hiciera lo que quisiera pero, por no molestar, decidieron llamarla por el móvil y después de hablar un rato, acordaron que lo mejor era vender la canica al Topillo Pitymy y allá se fueron las tres para hacer un buen negocio y ayudar, de esta manera, a la Oruga Doña Pelitos a salir de apuros.
¡Ah! Para que todos lo sepáis. La Lagartija Trapisondas que como ya sabéis es la periodista, fotógrafa y Directora de la Revista semanal "Dimes y Diretes" que sale semanalmente en el Jardín, propuso en la de aquella semana que a Milagritos y a Cabezagrande, les concedieran la Medalla de las Ayudadoras de las Orugas necesitadas y ¡menuda fiesta se organizó aquel día...! ¡Ya lo explicaremos...ya!