viernes, 28 de marzo de 2008

LA ELECCIÓN DE ALCALDE




Por fin se habían decidido a elegir alcalde en el Jardín de Milagritos. ¡Madre mía el jaleo que había por todo el jardín! Lo primero que hicieron fue una presentación de los candidatos que eran muchísimos, pero los que tenían posibilidades de triunfar sólo eran tres: El Topillo Pytimy, El Ciempiés Patatiesa y el Caracol Tadeo.
La presentación querían hacerla en una sala de la tienda del Topillo Pytimy "Todo es un Chollo" pero cuando vieron la cantidad de gente que estaba interesada en conocerlos, se dieron cuenta de que allí no cabían tantos y decidieron presentarlos al aire libre, en el hueco del parterre, donde estaban floreciendo unos alhelíes muy bonitos que perfumaban mucho el ambiente.
Los candidatos iban cada uno vestido según sus ideas, o sea, a su aire. Unos con corbata, otros en camiseta y alguno incluso se puso sombrero cosa que hizo más que reír al personal porque eso ya no se estilaba ni desde los tiempos de la abuela Nicolasa que era la tortuga más vieja que nadie había conocido, además de ser la abuela de Milagritos como ya sabeis.
Todos fueron muy aplaudidos cuando hablaron, bueno... el que menos, dicho así entre nosotros..., fue el Ciempiés Patatiesa. Cuando lo vieron tan ajado y con una muleta y un bastón, nadie pensó que podría ser un buen Alcalde pero, aun así y todo, tuvo un montón de aplausos. Después de exponer cada uno sus argumentos para que todo funcionara bien en el jardín, los tres candidatos que ya hemos mencionado, acordaron que las elecciones se celebrarían el sábado siguiente cuando todo el mundo estaba en su casa sin tener que ir a trabajar. Así que después de que el Alcalde del Jardín de la casa de al lado el mirlo Don Amarilis les diera a los tres candidatos la oportunidad de decir unas últimas palabras, recogieron las banderolas que tenían colgadas y cada uno se fue a su casa esperando el día tan ansiado.
La semana fue de lo más movido, propaganda por todas partes, pegatinas que se encontraban hasta en la suela de los zapatos y Milagritos, como podéis imaginar, fue la que más se preocupó de repartir papeletas con la foto de su marido y una frase que decía: " Si quieres que todo cambie, Tadeo será el Alcalde". Si hemos de ser sinceros, la frase no era de lo más acertado pero a Milagritos fue la que más le gustó después de escribir más de cien para escoger la preferida. La pura verdad era que eso de ser la futura señora del Alcalde, a Milagritos se le había subido a la cabeza; tanto es así, que ya no salía a la calle sin el sombrero puesto y como sólo tenía uno, fue rápidamente a la tienda "Todo es un Chollo" a comprarse un par de ellos para tener de recambio. En un principio quiso comprarse una pamela llena de flores pero como ya tenía la de las cerezas que se puso el día de la condecoración, escogió un sombrerito pequeño con forma de casquete con un velo de tul que le tapaba la mitad de la cara y que le pareció muy elegante, aunque el primer día que salió a la calle con él puesto, los hijos de la oruga Doña Pelitos, que por cierto eran un poco gamberros, casi se mueren de risa al verla. Pero...sí, el sombrero no le quedaba muy bien, parecía que se había puesto en la cabeza un tiesto con adornos aunque nadie se atrevió a decirle nada, claro, ni siquiera la lagartija Trapisondas que la miró con un poco de envidia y no quiso hacerle ninguna foto.
El otro sombrero que se compró tenía unas plumas que, cuando se lo puso, más que una pequeña y dulce Babosita, parecía un gallo de pelea, sin embargo, ella se sentía feliz y no le importaban los comentarios de la gente. Tampoco salía sin pintarse los morrines con el glosse brillante de color rosa chicle chillón y todos los días, antes de acostarse, se ponía una redecilla en el pelo para que no se le deshicieran los rizos de la permanente que le había hecho la alondra Doña Copete en su peluquería, y además se cubría los ojos con un antifaz porque decía que así, por la mañana estaban más brillantes. y se le veían más grandes Tenéis que recordar que Milagritos era una Babosa muy, pero que muy presumida. Al pobre Tadeo lo tenía loco, cuando por la noche se iba a la cama después de estudiar toda la tarde las necesidades de la comunidad para poder ser un buen Alcalde, casi se moría del susto al ver a su mujercita de aquella guisa. Entre el antifaz y la redecilla, Milagritos parecía un extraterrestre y su marido el caracol Tadeo tenía que levantarse todas las noches a serenarse un poquito con el aire que entraba por la ventana del jardín antes de quedarse dormido.
Bueno, el caso es que entre una cosa y otra, llegó el día de la votación. La primera que salió a la calle fue, por supuesto, la Lagartija Trapisondas con la cámara colgada del cuello, con sus vaqueros más cómodos y las deportivas de color rosa de la última hornada que vendió Pitymy en su tienda "Todo es un Chollo", dispuesta a perpetuar todos los acontecimientos en su Revista “Dimes y Diretes”, y los siguientes fueron las Bandas de Música. Los moscardones uniformados de azul con sus instrumentos bien afinados, comenzaron a pasear despertando a los habitantes del jardín para recordarles que era el día de la votación del Alcalde. Aquella algarabía dio todavía más alegría a la fiesta y nadie se quedó en casa. No había ninguno que no estuviera contento y el que más y el que menos se hacía el misterioso para que nadie supiera a quien iba a votar, sólo se conocía el candidato de la Babosa Milagritos que, de todos era bien conocido, sería su marido el caracol Tadeo.
A las nueve de la mañana comenzaron a pasar por las mesas todos los mayores de 18 años que, además, iban en familia, como si fuera un día tan entrañable como el de Navidad y luego de echar su papeleta en la urna, muy contentos se marchaban a la chocolatería "La Liebre enana", a tomarse un chocolate con churros que era el mejor que se podía tomar en todos los jardines de la Urbanización.
Cuando llegaron las diez de la noche no había nadie en la calle, ni tan siquiera los niños. Todos estaban frente al televisor esperando los resultados. La cosa estaba muy reñida aunque desde un principio se sabía que la lucha iba a ser entre el Topillo Pitymy y el Caracol Tadeo porque el Ciempiés... ¡vamos, que lo tenía todo perdido! Nadie sabía como había podido tener el atrevimiento de presentarse como Alcalde con la mala salud que tenía. Pero bueno, como tiene que haber gustos para todos, esta circunstancia hacía más divertida la rivalidad.
Ya terminaba el recuento , sólo quedaban las dos últimas papeletas y el Topillo Pitymy y el Caracol Tadeo estaban empatados a puntos, cuando el Jefe de Mesa las leyó, las dos cayeron hacia el bando de Tadeo lo que le hizo dar a Milagritos un salto que por poco se hace un chichón con el techo de su casa. Todos salieron a la calle con sus banderolas en la mano gritando: ¡Tadeo, Tadeo!! y Milagritos más guapa que nunca, agarró a Trapisondas por el brazo y no la soltó hasta que acabó el rollo de fotos entre su marido y ella.
Pero como en estos festejos siempre suceden cosas para comentar, aquel día también sucedió algo inesperado. Cuando estaba todo el gentío gritando: ¡¡Tadeo para Alcalde, Tadeo para Alcalde!! a Milagritos no se le ocurrió otra cosa que empujar a su marido para que se subiera a la tarima a saludar a los ciudadanos que allí se habían reunido y como estaba tan orgullosa y tan contenta de ser la alcaldesa, o así ella lo creía, también se subió para hacerle compañía a Tadeo. Mientras saludaban con la mano y tiraban besitos al público, los dos saltaban sobre la tarima muy contentos mientras gritaban: ¡Viva el jardín de Milagritos!, y no se sabe muy bien como fue pero el caso es que, en uno de los saltitos, pegaron un resbalón y fueron a parar muy abrazaditos, al barril lleno de agua con hielo donde se refrescaban las coca-colas que ofrecía gratis el futuro Ayuntamiento.
¡Bueno, bueno, bueno! Los abejorros que estaban de guardia para que no hubiera ningún desorden, empezaron a llamar por sus radios a toda la policía porque veían que, sin haber empezado todavía, ya se quedaban sin Alcalde. En un santiamén estaban allí las avispas policías, los moscardones con sus instrumentos, todos los abejorros que estaban de guardia y las polillas con sus helicópteros volaron bajo por si eran necesario su apoyo. Al fin la que lo arregló todo, fue la Mariquita Doctora Doña Antoñita que llegó en la ambulancia y se llevó al matrimonio al Hospital para reanimarlos de la heladera que habían cogido.
Pero al día siguiente que era domingo todo el mundo volvió a estar contento. El caracol Tadeo y la Babosa Milagritos, salieron al balcón de su casa a saludar a la multitud que se había acercado a vitorearlos y, aunque un poco acatarrados, devolvieron el saludo y se dieron un besito que, eso sí, fue captado por la cámara de la Lagartija Trapisondas. Y hay que decir que el Lunes siguiente se acabaron los ejemplares de la Revista “Dimes y Diretes” y tuvieron que hacer otra tirada, cosa que a Trapisondas la tenía más contenta que unas castañuelas, cantaba como un jilguero y era la más feliz del jardín. Y desde aquel día, el caracol Tadeo siempre que salía a la calle lo hacía llevando en la mano su bastón de mando para que nadie se olvidara de que el Alcalde era él.
¡Ah! Y Milagritos acabó con la existencia de sombreros de la tienda "Todo es un Chollo", que desde entonces consiguió vender artículos importados del extranjero. Ya lo explicaremos, ya...
Y colorín colorado.... ¡hasto pronto....!

1 comentario:

JorgeDiaz dijo...

"Entre el antifaz y la redecilla, Milagritos parecía un extraterrestre y su marido el caracol Tadeo tenía que levantarse todas las noches a serenarse un poquito con el aire que entraba por la ventana del jardín antes de quedarse dormido."
Me he divertido de lo lindo con otra de las aventuras de la presumida y vanidosa babosita y esa gama de personajes del jardín.
Todo un universo de posibilidades.
JD