miércoles, 26 de marzo de 2008

LA FIESTA Y LA MIEL

Como ya contamos el otro día, se hizo una fiesta fenomenal en el Jardín de Milagritos el día que la condecoraron a ella y a la Hormiga Cabezagrande por aquel acto de solidaridad que habían tenido con la Oruga Doña Pelitos. ¡Bueno, bueno, como se pusieron de guapas! La Babosa Milagritos se puso ¡una pamela! Tan grande que casi no se la veía y cuando llegó el momento de prender la medalla, el Alcalde de la Urbanización de al lado, que era un Mirlo un poco viejo y que se llamaba Don Amarilis, le colocó la medalla en el primer sitio que encontró y que era la pamela enorme que Milagritos llevaba en la cabeza. Pero lo grave fue lo que pasó después. La historia se estuvo comentando toda la semana en el jardín y se acabaron todas la ediciones de la Revista "Dimes y Diretes".

Resulta que Milagritos se quiso calzar sus zapatos de tacón de aguja y como estaba un poco gorda no le quedaban demasiado bien y andaba un poco patizamba, el caso es que, a pesar de que su marido el Caracol Tadeo cuando la vio, le dijo:
-Milagritos, con esos tacones te vas a pegar un morrón y vamos a tener que llamar al Samur para que te lleve en una ambulancia al Hospital.
Milagritos que siempre le gustaba hacer su santa voluntad, no le hizo caso a Tadeo y cuando daba la vuelta después de ser condecorada, entre que con las alas de la pamela apenas veía y los tacones que parecían unos zancos, al ir a sentarse en su silla, no calculó bien la distancia del escalón de la tarima y allá se fue toda ella enterita a besar el suelo. La pamela salió rodando por un lado, la medalla la tuvieron que buscar entre todos y, al final, la encontró la Abubilla Felicitas, en la rama de un cerezo confundida entre los frutos. Los zapatos de tacón quedaron hechos un desastre; un tacón roto y el otro clavado en la tierra que no había quien lo sacara. Cabezagrande, que quiso ayudar a su amiga, como era la segunda para recibir la condecoración, no se sabe muy bien por qué, en el tumulto todo el mundo creyó que ya habían dado las dos medallas y se quedó sin ella, lo que le dio tanta pena que le entró una llantina de padre y muy señor mío.
Pero ahí no acabó todo. Como decíamos en otro cuento, resulta que al marido de Doña Pelitos que se había hecho amigo de las abejas que libaban en la flor del tomillo, le regalaban los excedentes de miel cuando se tuvo que jubilar para que alimentara a su familia y aquel día, todas las abejas quisieron participar de la fiesta mientras los zánganos, que son los que hacen el trabajo duro, cuidaban de su reina. En una mesa que habían fabricado con la hoja de un nenúfar pusieron todos los tarritos de miel hechos con capullitos de la flor Diente de León pero la pobre Milagritos con los traspiés que dio antes de dar con su cuerpecito en el suelo, para intentar no caerse, se agarró al nenúfar que hacía de mesa, con tan mala fortuna que los tarritos saltaron por los aires pringando de miel a todos los asistentes.
El Caracol Tadeo que era muy dispuesto para todas las emergencias, llamó al Presidente de la Comunidad para pedirle que abriera la piscina y todos pudieran bañarse y desprenderse un poco de la miel pero, también hay que decir que el Señor Alcalde del jardin de al lado, el Mirlo Don Amarilis, se fue enfadadísimo y sin querer bañarse.
La Lagartija Trapisondas hizo un editorial explicando que aquel Alcalde estuvo una semana en cama limpiándose las plumas con colonia de violetas y aceite de benjuí. Pero todo este lío tuvo un buen final y es que sirvió para que el Jardín de Milagritos, adelantara las elecciones para elegir un Alcalde propio y no tener que llamar a ninguno de otra Urbanización. Total, que convocaron a todos los hombres para que presentaran sus candidaturas. Pero todo esto es otra historia que ya explicaremos en otra ocasión, cuando suceda el evento.
En fin que aquel día, los únicos que salieron ganando fueron la Urraca Pica-Pica que se llevó un montón de perlas de tantos collares como se rompieron y el Topillo Pitymy que se las compró a bajo precio y las guardó esperando una buena ocasión.
Pero no le salió tan bien el negocio como esperaba, no. Ya os lo explicaremos otro día. Ahora vamos a observar como las Hormigas trabajadoras ponen orden en el jardín para que todos puedan descansar por la noche. ¡Hasta pronto, amiguitos!

1 comentario:

JorgeDiaz dijo...

¡Me encanta! Es divertida y tiene muchos detalles buenísimos como es estimular los sentidos del gusto y la vista.
Milagritos merece más historias y sobre todo ser leída, dibujada y todo por alguien.
¿Quién vendrá a hacer tal trabajo?
Gracias, Magda, como siempre un excelente cuento.
JD