sábado, 29 de marzo de 2008

MILAGRITOS PRESUME DE ALCALDESA




¡La de cosas que hizo Milagritos desde que Tadeo fue elegido Alcalde! ¡No podeis ni imaginaros! La primera ocurrencia que tuvo fue decirle a la Lagartija Trapisondas que siempre que se hablara de ella en la Revista Dimes y Diretes se le diera el tratamiento de "Señora Alcaldesa", ¡y cómo se puso de enfadado el caracol Tadeo cuando se enteró de aquella sandez! Estuvo una semana sin hablarle, sólo cuando llegaba a casa después de dejar el Despacho del Ayuntamiento donde él sí era el Alcalde, le decía a Milagritos muy enfurruñado y con mucho retintín: "A ver, se-ño-ra al-cal-de-sa, ¿está ya la cena?" Milagritos, que no se apeaba de sus ideas así como así, no le respondía, le ponía el plato en la mesa y ella se iba a comer a la cocina, hasta que la cosa se arregló,claro. Pero no sabéis cómo se arregló. Os lo voy a explicar.
Pues resulta que a Milagritos tanto se le subió el título de Alcaldesa a la cabeza que comenzó a dar conferencias una vez a la semana para todas las señoras del Jardín y también invitaba a las que vivían en los alrededores. Unas veces hablaba sobre cómo se cuidaba a los bebés, otra de cómo se conservaban frescas las flores de interior y otras de cualquier cosa que se le ocurriera; hasta una de las veces en las que no tenía tema, se puso a disertar de astronomía ¡fijaros bien! y eso era una cosa de la que ella no entendía ni torta, vamos, pero... se estudió un libro que hablaba de los planetas y que encontró entre los trastos viejos del desván y allá que fue a contarles a las señoras cómo se trasladaban por el cielo Marte, Júpiter, Urano y Neptuno, y no sé cuántas cosas más que se le ocurrieron, así de pronto, unas verdaderas y otras inventadas para salir del paso. También se hizo socia de cualquier Asociación que conocía y además ella fundó algunas cuantas ONGs para ayudar a unos y otros o lo que fuere, daba igual, el caso era ser la Presidenta de algo. Pero lo peor de todo y aquí es dónde está la historia de este cuento, es como comenzó a comprar en la tienda del Topillo Pitymy "Todo es un chollo", cualquier cosa que se le antojara. Como el Topillo Pitymy había conseguido la licencia para exportar mercancías del extranjero, Milagritos le compraba todas las novedades que traía, desde collares de conchas que llegaban de Filipinas, hasta kimonos de seda natural traidos de China y un sinfin de chucherías de todo tipo, pañuelos para el cuello, diademas, horquillas, y hasta se hizo con una colección de zapatos que ya-ya¡¡
Bueno, pues un día, cuando estaba rebuscando entre unas babuchas de la India en "Todo es un chollo", el Topillo Pitymy le dijo:
-Señora Alcaldesa - (el topillo era muy listo y sabía que si no la llamaba así no le compraba nada)- Nos acaban de llegar de París unas cremas para la cara que dejan la piel fina como el pétalo de una amapola y después de usarla una semana, todas sus amigas le dirán que parece que le han quitado diez años de encima... ¡Pruébela, pruébela... señora alcaldesa!- le decía el topillo muy zalamero.
Y Milagritos cayó en la trampa. Eran unos tarros muy bonitos que tenían la forma de una flor de lis y una tapa de cristal amarillo preciosa y, ni corta ni perezosa, compró, una para la noche, otra para el día, una de contorno de ojos, otra de contorno de labios y la última para los cuernecitos y las orejas.Y ahí empezó todo, amiguitos... Después de pagarle al topillo lo que su marido ganaba en un mes, comenzó el unte en la cara.
La primera noche, Milagritos notó un poco de picor cuando extendió la crema pero no le dio mucha importancia, pero cuando por el día, al mirarse al espejo vio que tenía las mejillas enrojecidas, aunque primero pensó que era del sol que le había dado mientras tendía la ropa, al tercer y cuarto día de ponerse los mejunjes, vio como se le hincharon los ojos, tanto que apenas si parecían dos rendijas, la nariz era como una patata y la cara acabó siendo una mezcla de granos de todos los tamaños, hasta el punto de que cuando se vio, se echó a llorar como una magdalena y cuanto más lloraba más se le hinchaban los ojos y más se le enrojecía la cara. ¡la que se organizó! porque luego, al mirarse con más atención en el espejo de aumento en ese que se le veía la cabeza tan grande como una calabaza, observó con terror que de las orejitas, salían unos pelos negros que ella sólo los había visto en los rabos de los ratones cantantes "Los Melenudos Guay". ¡Ay, Dios mío! No había manera de que le parara la llantina pero, de pronto, se calló, se secó las lágrimas, se ajustó los pantalones de cuadros, se puso un jersey de rombos, cogió el sacudidor de las alfombras, se puso el casquete con el velo que le tapaba media cara para disimular un poquito y se fué a ver al topillo a su tienda "Todo es un chollo". Allí se quitó el sombrero y cuando Pitymy la vio, casi se desmaya del susto ¡Aquello parecía una paella a la valenciana.ª
- ¡Esto es una urticaria, Milagritos! (aquí se olvidó ya del tratamiento), vete a ver a la mariquita Doña Antoñita que está en el ambulatorio, que lo que tienes es una alergia- le decía mientras se resguardaba con las manos de los zurriagazos que le daba Milagritos con el sacudidor. Al final, le hizo caso al topillo y se fue al ambulatorio acompañada de la Lagartija Trapisondas que, como no se perdía una, a escondidas, le sacó unas cuantas fotos para su Revista.
Cuando tenía toda la cara embadurnada con una pomada que le puso la Mariquita Antoñita, llegó Tadeo al Hospital haciendo pucheros porque, la verdad es que quería mucho a su Babosita Milagritos y le dio un abrazo tan fuerte que casi se le escapa de las manos de lo resbaladiza que estaba con tanto pringue como le habían puesto pero, bueno, eso no le importó. Al día siguiente, Milagritos tenía otra vez su cara tan limpia como siempre y aunque tuvo que estar un mes sin ponerse ninguna crema ni maquillaje y por lo tanto sin salir de casa para que nadie la viera, esto le sirvió para que dejara de presumir de Alcaldesa, hizo las paces con su marido el caracol Tadeo y al Topillo Pitymy le compró sólo lo que era absolutamente necesario.
Desde entonces se preocupó nada más que de sacar a pasear a sus dos hijitos y de prepararle unas buenas comidas a su caracol Tadeo y aunque, de vez en cuando, echaba de menos dar alguna conferencia que otra, pensó en que ya buscaría algún científico de esos pesados que explican cosas que nadie entiende o algún sabio raro de esos que saben muchas cosas pero que las olvidan enseguida, y los invitaría a que dieran conferencias para las señoras del jardín. Naturalmente ella se sentaría en la tarima al lado del conferenciante, para eso era la organizadora. Bueno... todo eso eran cosas que se le ocurrían a Milagritos para no aburrirse.
¡Ah! Las revistas Dimes y Diretes en la que se veían las fotos de Milagritos hecha una pena, no salieron a la venta porque el primer ejemplar, que fue a parar al Ayuntamiento, cuando lo vio el caracol Tadeo, llamó a la lagartija Trapisondas y le dijo, ¡muy enfadadol! que si no las retiraba le cerraba la imprenta por desacato a la autoridad. De su Milagritos no se reía nadie...¡faltaría más...!
Trapisondas echó alguna que otra lagrimita porque sabía que la revista habría tenido mucho éxito con aquellas fotos pero no quiso empeorar las cosas y aquella semana no hubo tirada de "Dimes y Diretes". Es que todo no puede ser... ¡de verdad... vamoooos...! Adiooooos amiguitos.

1 comentario:

JorgeDiaz dijo...

Otra aventura. También fenomenal.
Oye que esto está para ponerle ilustraciones y probar suerte con los chicos
Son buenísimas
Juntalas todas y ofrecelas a alguna editorial infantil o juvenil
Anímate, mujer
JD