jueves, 10 de abril de 2008

AVENTURAS Y DESVENTURAS DE LA BABOSA MILAGRITOS




LA BODA


Como en todas partes, en el Jardín de Milagritos cuando llegaba el mes de Mayo comenzaban los preparativos de las vacaciones y hasta en el Colegio los escolares y profesores estaban deseando que terminaran las clases.

Aquel año había doble fiesta porque la boda de la señorita Priscilla con el Zorrillo Inglés mister Smith, estaba preparada para finales de Junio, una vez se cerrara el colegio.

Todos estaban muy entusiasmados con la novedad y tanto Milagritos como Trapisondas preparaban el acontecimiento para que fuera conocido en todos los jardines de las Urbanizaciones. Esto quiere decir que, la Lagartija Trapisondas le encargó al Topillo Pitymy los mejores rollos de película para no perderse ni un detalle de la celebración, y Milagritos en lo que pensaba era en lo guapa que iba a ponerse para ser la que más destacara después de la novia, claro.

A lo primero que se dedicaron fue a buscar el traje de novia para la Conejita Priscilla que seguiría dando clases en el Colegio después de su boda y el que iba a ser su marido el Zorrillo mister Smith, se dedicaría a enseñar el mejor inglés a todos los habitantes del Jardín que desearan aprenderlo. Bueno, el caso es que cuando se juntaron la Babosa Milagritos, la Lagartija Trapisondas, la Abubilla Felicitas que por cierto preparaba su boda con el Pájaro Carpintero Don Torcuato, para cuando empezara la Navidad, la Alondra Doña Copete, la Ardilla Petigrís, la Mariquita Doña Antoñita y hasta la Urraca Pica-Pica, todas, todas, se reunieron en casa de Milagritos para aconsejar a la señorita Priscilla el traje de novia que mejor le iba a quedar mientras se tomaban una buena taza de té. Después, muy alborotadas, hablando todas al mismo tiempo, decidieron ir a ver a la Oruga Doña Pelitos para que les indicara donde se encontraba la mejor tienda de seda natural, y así, la señorita Priscilla podría lucir el más bonito traje de novia que nunca se había visto en aquel Jardín, cosa que, por cierto, enfadó mucho al Topillo Pitymy puesto que, al enterarse de la noticia del desposorio, se trajo unos vestidos de China para los novios de lo más espectacular y, con la idea de las señoras, se quedaba con todo ello para las rebajas.
Pero las cosas se complicaron y dejó a todos con un palmo de narices porque, un jueves por la tarde, cuando ya se habían preparado todas las señoras, con sus sombreros, sus zapatos de tacón, bien engalanadas y maquilladas para acompañar a la señorita Priscilla a la tienda de los Gusanos de Seda “Hermanos Hiloblanco” a comprar el vestido de novia, resulta que, en el momento de salir de casa, cuando ya iban a coger varios taxis, a Priscilla no se le ocurrió otra cosa que decir:

-Yo querer vestir la peina en la cabeza y el traje de Sevilla y ¡olé!

Se quedaron todas con la boca tan abierta que aquello parecía la Oficina de Correos con los buzones esperando las cartas. Se miraron unas a otras sin saber qué decir mientras la señorita Priscilla sonreía embobada pensando en lo guapa que iba a estar vestida de flamenca y allá que se fueron todas, más alborotadas que antes, a la tienda “Todo es un chollo” en busca de un vestido de faralaes y una buena peineta de concha de karey para que se casara así de guapa la Conejita Priscilla.

El pobre Topillo Pitymy tuvo que tomarse un par de aspirinas después de que todas las señoras se marcharon...¡la que le organizaron en la tienda...! Todo revuelto, vestidos por aquí y por allá, cada una se probaba una ropa distinta que no tenía nada que ver con la boda y por fin, compraron un vestido rojo y blanco de lunares con pañuelo de flecos, una enorme peineta con una filigrana muy bonita y unas cuantas flores de papel que no sabían donde las iban a poner pero, por si acaso, se las llevaron.

Para celebrarlo se fueron todas a la chocolatería “La Libre Enana “ a tomarse un chocolate con churros porque ya no había ningún enfado entre Priscilla y la dueña de la chocolatería y cuando estaban todas las señoras llenándose la pancita de churros y chocolate, ahí que sale otra vez la Conejita Priscilla con una sorpresa que las dejó a todas atontadas.

-Sí, yo estar muy requeguapa vestida de faralá y mi Zorrillo vestir traje de toreador...

Por ahí ya no pasó Milagritos... se levantó muy dignamente, dijo que se encontraba mareada y muy cansada y sin decir nada a nadie, se fue corriendo a decirle al Caracol Tadeo que de eso ¡nada!. Que el Zorrillo inglés se iba a vestir de chaqué como mandaban los cánones y que de torero ¡ni hablar! Que ya era suficiente con que Priscilla fuera de españolona después de que a ella le hubiera estropeado la fiesta pues en vez de sombrero había pensado ponerse una buena peineta que ya tenía en mente y se lo había fastidiado todo pero, ¡de torero no! Así que a ver como se las arreglaba el Caracol Tadeo para decirle al Zorrillo mister Smith que se fuera buscando un chaqué corriente y moliente.

La verdad fue que el caracol Tadeo al ver tan enfadada a Milagritos no se atrevió a decir ni mu, y como estaba muy cansado de tanto alboroto como armaban todas las señoras con la dichosa boda, doblando su periódico, comenzó a pensar en cómo convencería al Sr. Smith para que se vistiera como los novios normales y lo único que se le ocurrió fue regalarle el chaqué completo, por lo que la boda de los inglesitos, al Caracol Tadeo le costó la torta un pan , como se acostumbra a decir. Total que la cosa volvió a arreglarse... hasta cierto punto... porque cuando llegó el día de la boda y todos vestidos de lo más elegante asistieron al festejo, al llegar los familiares ingleses de los novios, ¡todos iban vestidos de lo más españolón! ¡ellas de flamencas y ellos, todos con su traje de luces! ¡Madre la que se armó! ¡Aquello parecía la Feria de Abril en Sevilla! Pero ahí no acabó todo, no...

Resulta que los vecinos de los otros Jardines al ver toda aquella barahúnda de trajes, creyeron que había una corrida de toros y allá que se fueron a la boda con sus abanicos, sus botas de vino y sus bocatas de tortilla y alguno pensó en aprovechar la ocasión para hacer su agosto, vendiendo palomitas y agua fresca.

A Milagritos casi le da un soponcio, al ver toda aquella cuchipanda. Ella que se había puesto a la última con un vestido de gasa color verde manzana y una pamela haciendo juego con un ala que la separaba de Tadeo casi dos metros. Le quitó la vara de Alcalde a su marido y se lió a dar bastonazos a los que no habían sido invitados, mientras decía a voz en grito:

-¡Qué esto es una boda y no una corrida de toros...!

Total que la boda se celebró y, al final todo acabó en unos cuantos bailes por sevillanas que cada uno bailó a su antojo y todos fueron muy felices. Y como ya el verano estaba muy próximo y la piscina la abrirían de un día para otro, Milagritos empezó a pensar en comprarse un biquini color rosa chicle chillón ¡e s p e c t a c u l a r! Que había visto en la tienda “Todo es un Chollo” del topillo Pitymy.

¡Ah! Se me olvidaba decir que los novios se fueron de viaje de luna de miel a Almería que es un sitio donde hace un calor que te mueres pero que a los ingleses les encanta...

¡Hasta otro día amiguitos!

viernes, 4 de abril de 2008

MÁS ENREDOS DE MILAGRITOS





Milagritos se aburría soberanamente a causa de su brazo roto y la torcedura de su tobillo. Como no podía hacer nada, se pasaba el rato asomada a la ventana cotilleando lo que pasaba en el jardín para, luego, contárselo a la Lagartija Trapisondas para que lo publicara en su Revista “Dimes y Diretes”.

Una mañana vio como la señorita Priscilla salía del colegio de dar su clase de inglés y ¿a que no sabéis quién la estaba esperando con un ramo de flores en la mano? Pues nada más y nada menos que Don Torcuato, el Pájaro Carpintero. ¡Ay cuando lo vio Milagritos...! Don Torcuato con los ojos entrecerrados y el pico semiabierto mirando con cara de bobito a la señorita Priscilla mientras le entregaba un ramo de violetas. Pero esto no fue lo peor. Resulta que la Conejita Priscilla que aquel día llevaba puestos unos pantaloncitos cortos y una camiseta de tirantes a la última moda, se había puesto también unas gafas de sol con la montura ¡de color rosa chicle chillón...! El color preferido de la Babosa Milagritos! ¡Cómo se puso Milagritos cuando la vio...! ¡Madre...madre! Dijo: ¡No! ¡Eso no lo voy a consentir! Y como no sabía que hacer para evitarlo se fue en busca de la Lagartija Trapisondas para ir las dos juntas a ver que pasaba con la pareja y de paso, pensar en hacer algún enredo para que la señorita Priscilla no se pusiera aquellas gafas nunca más.

Escondidas detrás del sauce que estaba junto a la piscina, estuvieron espiando a don Torcuato y a la profesora, y mientras Trapisondas sacaba fotos y más fotos, llegaron a la conclusión de que Don Torcuato, estaba enamoriscado de la señorita Priscilla que, por cierto, también lo miraba con cara de tonta.

-¡Tenemos que arreglar esto!-dijo Milagritos muy sulfurada -¡Don Torcuato no puede enamorarse de una conejita, tiene que buscar alguien de su misma especie...

-¡Sí!- le respondió Trapisondas –yo sé que la Abubilla Felicitas tiene muchas ganas de casarse... y también la Alondra Doña Copete... ¡pero la señorita Priscillaaa....!

-¡Ya se me ocurrirá algo- dijo Milagritos muy enfadada – Estas tonterías no se pueden consentir.

Esto lo dijo imitando a su marido el Caracol Tadeo que siempre empleaba estas palabras cuando se enfadaba con Milagritos. Y se fue a su casa a meditar alguna solución para aquel desaguisado. ¿Pero quién podría ser una buena pareja para la Conejita Priscilla? ¡Ya está! De pronto, se le encendió la bombillita...¡El hijo de la dueña de la Chocolatería “La Liebre Enana”...! Era una mezcla de conejo y liebre bastante atractivo, de color gris plateado y con unos bigotes muy blancos que siempre llevaba engominados. ¡Sí...eso es! Y a Milagritos se le ocurrió una idea. Cogió papel y un boli y se puso a escribir una carta, mejor, pensó en un poema, y allá que fue a poner en el papel lo primeo que se le vino a la cabeza:

“Tienes los ojos rojitos
como la flor de alhelí,
no te pongas esas gafas
porque me haces sufrir”

y firmaba: “Justino, el Conejo de la Chocolatería “La Liebre Enana”

Bueno, naturalmente, a Milagritos le importaba un pito que los versos rimaran o no, o si lo que decía estaba bien o mal, el caso era que Priscilla no volviera a ponerse las gafas con montura de color rosa chicle chillón, nunca más.

Envió la carta por correo a la Casa del Ciruelo donde vivía la Conejita y se quedó esperando los resultados. Pero las cosas no salieron como esperaba porque, a los pocos días, se presentó en el Jardín, preguntando por Miss Priscilla, un Zorrillo inglés la mar de chulo; alto, delgadito y muy rubio que resultó ser el novio formal de la Conejita Priscilla.

Bueno... ¡la que se organizó otra vez...! Priscilla que se había entusiasmado con el éxito que tenía en el jardín, no le hizo ni caso al Zorrillo inglés y todos los días iba a tomarse un chocolate con churros a la Chocolatería “La Liebre Enana” para ver al Conejo Justino que, por cierto, se quedó pasmado cuando vio las miradas tiernas con las que lo obsequiaba la señorita Priscilla. Hasta que, un día, su madre, la Liebre Enana, le dio un escobazo por pasarse el día atusando su bigote y mirando la puerta para ver cuando entraba la señorita Priscilla.

La Liebre Enana que tenía muy malas pulgas porque le había costado mucho trabajo sacar su negocio adelante y veía que con aquella tontería del coqueteo se quedaba sin la ayuda de su hijo, un día, se plantó delante de la señorita Priscilla y le dijo que ya no le servía más chocolate con churros, que dejase en paz a su hijo Justino y que se mirase en el espejo para que viera lo gorda que se estaba poniendo con tanto chocolate.

La Conejita Priscilla se fue llorando como una Magdalena y más colorada que un tomate, momento que aprovechó el Zorrillo Inglés para consolarla y hacerse amigos otra vez.

Así que todo quedó bien, igual que antes; bueno... algunas cosas cambiaron. Por ejemplo: a Justino se le quedaron los bigotes un poco lacios porque ya no le importaba ponerles gomina ¿para qué? Y Milagritos se salió con la suya porque la Conejita Priscilla tiró a la basura las gafas de montura color rosa chicle chillón y no se las puso nunca más.

¡Ah! Don Torcuato comenzó a tontear con la Abubilla Felicitas porque, no se sabe cómo ni por qué, pero recibió una carta con un poema que decía:

“Quisiera ser buena amiga
de Torcuato el Carpintero,
te lo dice Felicitas,
que siempre te amó en silencio”

¡Si es que en el Jardín de Milagritos pasa de todo... de verdad!

miércoles, 2 de abril de 2008

¡YA LLEGA LA PRIMAVERA!




¡Qué bonito se estaba poniendo el jardín de Milagritos! Todos los árboles tenían unos brotes tiernos y verdes, que parecían bolitas de caramelo de menta. Los almendros florecían y con aquellas flores blancas parecía como si les hubiera caído encima una copiosa nevada y los alhelies, perfumaban todo el jardín.
Aquel día de sol y un cielo azul que parecía hecho con plastilina, las cochinillas se encargaron de dejar bien limpio el estanque y además de la carpa Doña Bigotona que vivía allí desde siempre, el Caracol Tadeo como Alcalde que era del Jardín, se encargó de comprar unos peces de colores que todos fueron a mirar como nadaban cuando supieron que los habían llevado.
Los días eran largos porque ya se había cambiado la hora y por las tardes cuando los papás y las mamás salían de trabajar, se iban a pasear con los niños por el jardín y era todo muy divertido. Unos se subían al tobogán, otros patinaban, otros se montaban en los columpios y mientras los papás charlaban de lo difícil que se estaban poniendo las cosas en el mundo, las mamás se explicaban como hacer comidas nuevas y donde comprar las cosas más baratas.
Aquella tarde estaba Milagritos hablando con la Abubilla Felicitas que estaba muy guapa porque se había hecho la permanente en la peluquería de la Alondra Doña Copete y también estaba con ellas la Lagartija Trapisondas que ya sabéis no se perdía una, siempre con su cámara de fotos colgada del cuello por si acaso... y que llevaba puesto un gorrito de lana de color rosa porque tenía un catarro primaveral de aquí te espero y no quería enfriarse pues las noches todavía eran fresquitas.
En esas estaban, charla que te charla, cuando apareció la Coneja Señorita Priscilla paseando por el jardín ¡montada en una bicicleta! ¡¡¡Buenooo¡¡¡ La verdad es que Milagritos se puso un poco verde de envidia y lo primero que pensó fue en ir a comprarse una, ella también. Pero cuando se lo dijo al Caracol Tadeo, éste le contestó:
-Milagritos, ¡no!. Las bicicletas son muy caras y tu no necesitas ninguna. Los niños empiezan el colegio este curso que viene y tenemos que ahorrar para comprarles los uniformes, los libros y todas esas cosas que necesitan cuando van al colegio, así que no hay bicicleta- y muy serio, se puso las gafas, se sentó en la mecedora y empezó a leer el periódico para saber qué pasaba por el mundo.
Milagritos se puso muy enfurruñada pero, ni corta ni perezosa, ella que era muy terca como ya sabéis, dijo que tenía que hacer unas compras y se fue a la tienda del Topillo Pitymy “Todo es un Chollo” para curiosear el precio de las bicicletas. Y cuando lo vio, a la pobre casi le da un soponcio porque eran carísimas incluso las que venían de China y pensó que Tadeo tenía razón. Pero eso de que ella no tuviera ningún vehículo y la Conejita Priscilla sí, no le hacía mucha gracia y curioseando, curioseando por la tienda, encontró algo que le gustó y se lo compró. ¿A que no sabéis qué era? ¡Un patinete! ¡Sí señor! Estaba un poco oxidado y no tenía frenos pero bueno, eso le sirvió para regatear con el topillo Pitymy que le hizo una rebaja fenomenal.
Al día siguiente era sábado y hacía un día hermoso aunque algo ventoso y eso los tenía a todos algo malhumorados, el caso es que Milagritos, cuando salió de paseo iba montada en su patinete delante de su familia el Caracol Tadeo y sus hijos Fidelio y Maritere. Tadeo la miraba con cara de decir: “verás ésta, la que se va a dar con tanto patinete” pero no le dijo nada porque sabía que Milagritos era muy suya y no hacía caso de lo que se le decía. Iba saludando a unos y otros muy contenta, y en esto que se cruzó con la bicicleta de la señorita Priscilla. Cuando vio que la adelantaba porque la bicicleta tenía más velocidad que su patinete, Milagritos pensó que ella también podía hacerlo y le dio marcha con el pie al patinete. Cuando cogió velocidad, puso los dos pies encima y salió despedida de cabeza al estanque.¡Otra vez la que se armó! Milagritos subiendo y bajando del agua, la carpa Doña Bigotona que estaba de mal humor, detrás de ella pegando bocados a ver si podía tragársela porque estaba ya de Milagritos hasta el moño, los peces de colores, que nunca habían visto una Babosa, iban a por ella y la pellizcaban y la mordisqueaban creyendo que era un juguete y Tadeo intentando agarrarla por donde fuera para que su Milagritos no se ahogara.
Nadie sabía qué hacer, y Milagritos haciendo “glu-glu” subiendo y bajando de algua. Los niños lloraban asustados y los moscardones policías llamaron por sus radios a los bomberos para que vinieran a ayudarlos y cuando ya todos se creían que aquello terminaba pero que muy mal, al Topillo Pitymy se le ocurrió una idea. Fue a su tienda y corriendo volvió con un cazamariposas muy bonito que lo vendía a 50 céntimos de Euro y pescó a la Babosa Milagritos que echaba más agua por la boca que toda la que había en el estanque. La llevaron deprisa al Hospital y allí le encontraron un brazo roto, una torcedura en el tobillo, y llena de pequeños mordisquitos de los peces de colores. ¡Y no veaís los pelos que se le pusieron! La pobrecita lloraba más que nunca y menos mal que Tadeo, la cogió entre sus brazos y dándole besitos le dijo:
-¡No te preocupes, Milagritos, que yo te quiero mucho y no me importa que estés con esos pelos!
Bueno, al final todo acabó bien, Milagritos volvió escayolada a su casa, Trapisondas hizo fotos y un editorial que tituló: “Desgracia en el jardín de Milagritos, sin consecuencias funestas” y que ocupaba dos páginas de la Revista “Dimes y Diretes” además de que, en la portada se veía el patinete hecho una chatarra y a Milagritos volando por los aires derechita al estanque.
Cuando a la semana siguiente salieron a pasear toda la familia, Milagritos que todavía llevaba el brazo en cabestrillo y muletas, al ver otra vez a la señorita Priscilla con su bici, pensó que sería mejor y más seguro comprar un coche. Y ya empezó a buscar una escuela donde pudiera aprender a conducir... ¡Madre mía... Si es que esta Milagritos no para...!

martes, 1 de abril de 2008

LA SEÑORITA PRISCILLA



Milagrtos pasaba el tiempo dándole vueltas a la cabeza para poder contratar una profesora de inglés que diera clases en el Colegio del Jardín. Primero habló con el Caracol Tadeo que se enfadó un poquito porque le dijo que le iba a meter en un lío si el Director del Colegio el Erizo Don Huberto le pedía que le subieran la subvención, pero luego, cuando vio que por ese lado no iba a conseguir nada, fue direcamente a hablar con el Erizo que se quedó muy sorprendido cuando la vio en su despacho, toda emperifollada, con el sombrero de los domingos y zapatos de tacón.
-¡Doña Milagritos, qué sorpresa verla por aquí! ¿Qué? ¿Ya está preparando las clases para cuando vengan sus hijos a estudiar? Pues todavía le falta un poco de tiempo...
-¡Uy, Don Huberto! El tiempo pasa muy deprisa- le dijo Milagritos con su mejor sonrisa- y algo quería hablar con usted sobre clases, sí. Bueno... la verdad es que me gustaría que todos los niños de este jardín tengan los mejores porofesores y los estudios mas amplios que se puedan dar.
Y por ahí empezó a charlar con el Erizo Don Huberto que cada vez que la oía se le ponían las púas un poquito de punta. Cuando, después de un rato de charlar de unas cosas y otras, Milagritos se decidió a explicarle su idea de traer una profesora de Inglaterra para que diera las clases de inglés, el Director se quedó pensativo y le expuso los inconvenientes que veía. Además de darle un sueldo, necesitaba una vivienda gratuita claro y de todo eso tenía que hacerse cargo el Ayuntamiento.
Así que Milagritos tuvo que convencer a Tadeo de lo necesaria que era una profesora de inglés y que si patatín y que si patatán. Bueno, al fin el caracol Tadeo ya mareado de tanta charla, le dijo que bueno, que ya sacarían el dinero de algún sitio y que la profesora de inglés podía ocupar la casa que había dejado vacía en el tronco del ciruelo, la comadreja que se había mudado a otra urbanización hacía poco tiempo.
Y ya veis a Milagritos buscando en las páginas de Internet profesoras nativas de Inglaterra que quisieran venir a trabajar a España. Puso anuncios en todas las Agencias y con eso de que en España siempre hace sol y sólo llueve de Pascuas a Ramos, consiguió varias candidatas. La que más le gustó fue una que se llamaba Priscilla y, además de que era de Oxford, cuando le ofreció un sueldo un poco más alto de lo que era verdad sin que nadie lo supiera y le dijo que tenía una casa preciosa gratuita en uno de los mejores ambientes del Jardín, la señorita Priscilla aceptó encantada el puesto de profesora de inglés. Y allá que se presentó un buen día la tal señorita Priscilla en el Jardín de Milagritos.
¡Las ganas que tenía Milagritos de conocer a la profesora, no podéis imaginaros! Llamó a la lagartija Trapisondas para que hiciera las fotos de bienvenida, a Tadeo lo hizo ir con Don Buho de Noche al que había nombrado Concejal porque era muy inteligente y, por supuesto, también estaba en el comité de recepción, el Director del Colegio, el Erizo Don Huberto que apareció acompañado de la Banda de dicho Colegio “Los grillos enloquecidos”, y que estaba formada por los mejores músicos de toda la urbanización.
La señorita Priscilla apareció en un taxi cargado de maletas, con un vestido de manga corta aunque el tiempo la verdad es que era bastante fresco, pero aun así y todo estaba sudorosa como si fuera pleno verano. Y Milagritos cuando la vio, se llevó la sorpresa de su vida, porque no se le había ocurrido pensar que clase de animalito era y allí plantada delante de ella con un sombrero ¡fabuloso! que la llenó de envidia, se encontraba una conejita blanca con unos ojos coloraditos y una cara de despistada que los dejó a todos patidifusos. La verdad es que no era muy guapa, un poco vieja aunque todavía estirada pero muy puesta ella, y saludando a todos con un “jauaryu” que nadie se atrevía a responder, fue saludando a todos los que habían ido a recibirla.
Pronto Milagritos se hizo amiga de la señorita Priscilla y como la consideraba muy elegante y sabia, comenzó a imitarla en todo lo que veía. Como vio que la conejita Priscilla no se quitaba el sombrero ni para dormir, pues ella se lo ponía desde que se despertaba hasta que se acostaba por la noche y esto a Tadeo lo traía frito porque se dio cuenta de que casi comenzaba a olvidarse de como era la cara de Milagritos.
Otra cosa que imitó fue tomar el té de las cinco. Bueno... Unos días iba ella a la casita del ciruelo donde vivía la profesora y otras, la invitaba Milagritos a que fuera a su casa pero como llegó un momento en que las dos se aburrían como momias porque apenas se entendían, decidieron invitar a todas las señoras del Jardin y cada Jueves en casa de una o de otra, había una reunión a las cinco de la tarde para tomar el té. Poco a poco, todas las señoras fueron cambiando el café por el té y aunque a muchas no les gustaba, era igual, se lo tragaban con una sonrisa y cuando llegaban a casa se lavaban los dientes y la lengua para que se les quitara el sabor.
Milagritos se propuso aprender inglés y enseñar español a la señorita Priscilla y no es que consiguiera mucho pero, algo, hizo. Ella acabó chapurreando un jauduyudu que nadie sabía que quería decir y a la señorita Priscilla a la que Milagritos se empeñó en enseñarle a decir: “quiero un pincho de tortilla”, todavía se le entendía menos porque lo que todos comprendían cuando lo decía, era algo así como..”pelopinchoretortija...” y claro aquello era la risa. Total que acabaron hablándose por señas y así fue la única manera de conseguir algo.
Y entonces fue cuado formaron el Club angloespañol de las defensoras del té. Pidieron permiso para poner cada domingo por la mañana, un tenderete en la puerta del Ayuntamiento para vender tarritos con té que se encargaban de decorar las señoras del Club, y el Caracol Tadeo que porque le dejaran tranquilo era capaz de aceptar cualquier cosa, se lo concedió. Y así fue la forma en que Milagritos, naturalmente, se hizo con la Presidencia del Club. Claro que la Vicepresidenta era la señorita Priscilla y como querían darle mucha fuerza a la Asociación, uno de los primeros puntos del Estatuto era que todas los miembros debían llevar sombrero todos los día.
Bueno...La verdad es que quien más salió ganando con la llegada al Jardín de Milagritos de la profesora inglesa fue el Topillo Pitymy que se puso las botas (como se dice), vendiendo sombreros..... ¡Hasta pronto amiguitos...!