miércoles, 29 de diciembre de 2010

EL DUENDECILLO DE LA OSCURIDAD


EL DUENDENCILLO DE LA OSCURIDAD


Había una vez un niño que tenía mucho miedo de la oscuridad y cuando se iba a dormir, siempre tenía una lamparita encendida en su habitación para así ahuyentar a la negrura que tanto temía.
Un día, el duendecillo encargado de extender la oscuridad por la noche, se quedó escondido en la habitación del niño miedoso, espera que te espera a que la lamparita se apagara para dejar puesta la oscuridad y poder marcharse a su casa en el bosque mágico donde vivían el día y la noche, pero como el niño no apagaba nunca la luz, el duendecillo de la oscuridad, se pasaba las horas acurrucado en un rincón hasta que llegaba el día y ya, cansado, se retiraba hasta su bosque con la tela de la oscuridad toda enrollada sin haberla podido extender en la habitación del niño.
Como el duendecillo no comprendía aquel terror que el niño tenía a la oscuridad pues a él le parecía muy bonita y tranquila, se le ocurrió una idea para quitarle el miedo. Cuando llegó la noche, el duendecillo le dijo al sueño del niño:

-Oye, sueño, ¿te gustaría ayudarme a quitarle a este niño el miedo a la oscuridad?

-¡Sí, ya lo creo!- respondió el sueño muy contento –no puedes imaginarte como me canso porque como siempre está con la luz encendida no puedo cerrar sus ojitos para que se duerma y ¡ufff! ¡toda la noche tengo que estar atento para ver si, en un descuido, puedo cerrárselos y así descansar todos.

-Pues esta noche vas a quedarte escondido y no vas a cerrar sus ojitos así se quedará despierto y comprenderá que la oscuridad no es mala, porque yo la extenderé en su habitación para que la vea.

El niño se acostó en su camita y como el sueño no fue a cerrar sus ojitos para que se durmiera, se quedó en la cama mirando el techo con los ojos muy abiertos, redondos como platos. De pronto vio como una preciosa tela de terciopelo se extendía poco a poco por la habitación cubriendo todo de una suave penumbra. Era tan bonita aquella tela oscura que el miedo huyó de su corazón y apagó la lamparita que tenía encendida. En aquel preciso momento, de la oscuridad comenzaron a surgir preciosas imágenes de fantasía. Hadas diminutas, gnomos, valientes guerreros cabalgando briosos corceles blancos, ogros enormes, princesas, brujas bondadosas y otras malvadas y una cantidad de seres a cual más fantástico que el niño escogió a su gusto para formar con ellos un cuento maravilloso. El niño se divirtió un montón mientras imaginaba el cuento en la oscuridad de su habitación y, entonces, el sueño pudo cerrar sus ojitos para que se durmiera profundamente toda la noche.
El duendecillo de la oscuridad estaba muy satisfecho de su idea pero todavía no estaba muy seguro de que al niño se le hubiera quitado definitivamente el miedo a la oscuridad y esperó a la noche siguiente. El duendecillo de la oscuridad y el sueño del niño se escondieron en un rincón de la habitación y esperaron para ver que hacía el niño.
Primero vieron como daba unas cuantas vueltas en la cama mientras miraba a su lamparita encendida, cerraba los ojos y los volvía a abrir porque su sueño no estaba con él y no podía mantenerlos cerrados, y vieron como se inquietaba buscando por la habitación con la mirada a ver si encontraba más imágenes fantásticas para hacer otro cuento, pero con la luz encendida, eso era imposible. De pronto, el niño apagó su lamparita y el duendecillo, rápidamente, extendió la oscuridad por la habitación y las imágenes comenzaron a surgir de nuevo. El niño que ya había perdido el miedo a la oscuridad, comenzó a formar otro cuento con todas las imágenes que veía y así comprendió que la oscuridad es mala sólo cuando se la teme y que la mejor manera de inventar cuentos era cuando todo estaba oscuro porque es el momento en el que surgen todas las imágenes fantásticas.
Aquel niño jamás volvió a dormir con la lamparita encendida y su sueño no tuvo ningún trabajo en cerrar sus ojitos para que durmiera profundamente después de haber inventado un cuento.
El duendecillo de la oscuridad ya no tuvo que volver a su bosque mágico con la oscuridad enrollada sin haber hecho uso de ella y todos fueron muy felices y durmieron muy, muy, pero muy tranquilos.
Y esta fue la manera de que aquel niño miedoso, comprendiera que la oscuridad es mala sólo cuando se la teme. Y ya sabéis… no tengáis nunca miedo a la oscuridad porque es el mejor momento para poder inventar un cuento. Y colorín, colorado… este cuento se ha acabado. MAGDA.

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