miércoles, 12 de enero de 2011

UN CUENTO DE NAVIDAD

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UN CUENTO DE NAVIDAd

El invierno se despertó el día 21 de Diciembre, se puso la bufanda roja, el gorro con pompón, las manoplas, se calzó las botas nuevas y con los auriculares en las orejas para oír a su cantante preferida, comenzó el viaje de tres días por los números del calendario. Era imprescindible que el día 25 llegara a su destino. Ningún año faltaba a la cita. Puntualmente, se presentaba en el mundo dispuesto a alegrar con los copos blancos de su hermana la nieve el día de Navidad. Pero cuando el otoño se despidió de él le dijo en secreto:
-¿Sabes? Se dice que este año no viene la nieve…, que no tiene traje, sólo tiene gotas de agua en lugar de copos blancos.
-¡Eso es una tontería! ¿Cómo no va a tener copos la nieve? Entonces no sería nieve y yo, el invierno, no soy invierno sin nieve… así que… ¡anda, anda! Márchate de vacaciones… no te vaya a pillar el frío que ya me ha dicho que viene en avión empujado por el viento.
Pero aunque no le había creído, el invierno estaba bastante alarmado porque… ¿y si no se presentaba la nieve…? El día de Navidad sería un desastre. Todos los niños cuando se levantaban aquel día, después de ponerse las pantuflas y la bata de lana, se asomaban a la ventana para ver la nieve. Luego, una vez desayunados, mientras la mamá comenzaba a trajinar en la cocina para preparar la comida navideña, se reunían en grupos que, ayudados por los papás, fabricaban unos muñecotes de nieve muy, muy divertidos. No, no podía faltar la nieve ese día, era imposible.
Pasó corriendo por el día 22, por el 23 y por el 24. En el camino se encontró con la escarcha toda vestida de perlas blancas, muy elegante, y con el viejo hielo de barba que le llegaba hasta los pies, cada año ¡un poquitiiito! más larga y más blanca.
-¿Habéis visto a la nieve? – les preguntó.
-No. Hemos tenido que volar muy alto para llegar bien vestidos y no derretirnos porque ¡hacía un calor…! ¡bufff! y a la nieve no la hemos visto por ningún lado.
A las 12 de la noche del 25 de Diciembre se encontraron con el frío y el viento que ya los esperaban acurrucados. La nieve no aparecía y todos se echaron a dormir muy preocupados.
El alba los despertó poquito a poco, y cuando ya amaneció, se frotaron los ojos y ¡oh, maravilla! Allí estaba la nieve danzarina, bailando con sus copos, mientras cubría los árboles, los tejados de las casas y los jardines. El invierno se sentó tranquilo y contempló a los niños. Todos jugaban con la nieve, unos hacían muñecos y otros se lanzaban bolas mientras reían felices. El invierno vio que todo estaba bien, todo tranquilo. Otro año más cada cosa estaba en su sitio. Era Navidad.

Nombre: Mª MAGDALENA RODRÍGUEZ MARTÍN
Nacionalidad: ESPAÑOLA
Profesión: Escritora
Dirección electrónica: nerepotxola@yahoo.es

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