martes, 4 de octubre de 2011

EL HADA PRINGOSA


EL HADA PRINGOSA

Todas sus compañeras en el país de las Hadas, la llamaban “Pringosa” porque siempre había sido muy golosa y sobre todo le gustaba la mermelada de melocotón que su abuelita, el Hada Pirulí, fabricaba todos los otoños y la conservaba bien cerrada en unos frascos de cristal, en la alacena de la cocina.
Para “Pringosa” eso no era ningún problema porque, cuando todos dormían, se encaramaba en un taburete, sacaba el frasco de mermelada de la alacena, lo destapaba con mucho cuidadito y haciendo uso de los dedos como cuchara, se zampaba toda la mermelada que podía. Naturalmente que se ponía las manos y la cara llena de churretes pero a ella esto no le importaba y ese fue el motivo de que la pusieran el apodo de “Pringosa” porque todo lo pringaba de mermelada.
Su nombre verdadero era “Violeta” y a ella le fastidiaba mucho que nunca la llamaran por su nombre y un día que estaba muy triste y enfadada de tanto oír aquel mote de “Pringosa”, se lavó bien la cara y las manos, se puso un vestido limpio adornado con muchos lazos y se fue a ver a su amigo el duendecillo “Fisgón” que todo lo sabía porque se pasaba la vida cotilleando por las rendijas.
Fisgón recibió a su amiga debajo de la seta más grande del bosque donde aquel otoño había puesto su casa y la obsequió con un refresco de agua de campanillas que tenía un sabor muy dulce y después de oír a su amiguita “Pringosa”, le explicó confidencia por confidencia.
-Puesto que tú me cuentas ese secreto, te explicaré el mío.
Acercó entonces su boquita a la oreja puntiaguda de “Pringosa” y muy bajito le dijo:
-A mi no me gusta nada que me llamen “Fisgón” porque me llamo Filiberto pero es que tengo un problema…., me gusta mucho enterarme de las cosas que le suceden a los demás y no sé cómo evitarlo ¿Qué podemos hacer?
El hada “Pringosa” se quedó un rato pensativa y mientras se terminaba el refresco de agua de campanillas, le dijo a su amigo el duendecillo:
-No tenemos más remedio que cambiar. Yo dejaré de comer la mermelada de mi abuela y en su lugar beberé tu agua de campanillas que es muy dulce también y tú… no tendrás más remedio que olvidarte de cotillear la vida ajena.
-¿Y qué hago cuando tenga ganas de escuchar lo que le sucede a uno y otro?
-Pues… ¡te pones a silbar! Así todos sabrán que estás cerca, se callarán y no podrás enterarte de nada.
Y a partir de aquel día, al hada “Pringosa” volvieron a llamarla Violeta, fue la más limpia y brillante de las Hadas Pequeñas porque no volvió a meter los dedos en la mermelada y a “Fisgón” todos acabaron llamándole Don Filiberto el Duende y puso una Oficina en el Bosque donde todo el que quisiera podía ir a pedir un consejo pues de tantos sucesos como había oído, acabó siendo un duendecillo muy sabio
¡Ah! Violeta, merendaba mermelada de melocotón todos los sábados por la tarde que era el día en el que invitaba a su amigo el duendecillo cuando le llevaba botellas de agua de campanillas ¡Y la de historias que se contaban…! Bueno, buenoooo… Y también hay que decir que esos días, el Hada Violeta se pringaba un poquito de mermelada pero luego…, se chupaba los dedos…,aunque eso no se lo digáis a nadie porque es un secreto… -MAGDA.

2 comentarios:

Mª Jesús Verdú Sacases dijo...

Adoro los cuentos de hadas.

Me alegra de que al final Pringosa se convirtiera en Violeta.

Un placer pasar a visitarte

Mª Jesús Verdú Sacases dijo...

Vengo a releerte. Sabes que me encantan los cuentos de hadas