viernes, 18 de noviembre de 2011

EL SUEÑO DE MARIANITA


ELSUEÑO DE MARIANITA

Todas las noches Marianita se dormía contemplando la caja redonda de color verde brillante que le había regalado su tía Pepa el día de su cumpleaños llena de caramelos. Antes de cerrar los ojos para dejarle sitio al sueño, miraba la caja y se la imaginaba como si fuera la casita de un hada vergonzosa que no se decidía nunca a salir. Una noche, cuando todo estaba en silencio, se levantó, cogió la caja y poco a poco, comenzó a girar la tapa para abrirla.
Quedaba ya sólo una vuelta y levantó la tapadera dejando una pequeña abertura para curiosear lo que había dentro cuando vio como una manita muy chiquitina, se agarraba al borde de la caja. Marianita se llevó un susto morrocotudo y la cerró de golpe sin darse cuenta que había pillado aquella manita pequeña entre borde y borde.
_¡Ayyyyy…!_ oyó gritar desde el interior de la cajita y aquello la asustó tanto, que dejó la caja a medio destapar y de un salto, se metió en la cama, tapándose la cabeza con el embozo de la sábana. Pero como Marianita era más curiosa que miedosa, retiró despacio la sábana de sus ojos, volvió a mirar la cajita verde y redonda y se quedó pasmada.
De su interior estaba saliendo un hada diminuta que tenía unas alas irisadas como las de una libélula pero más bonitas todavía porque estaban llenas de unas flores muy chiquitinas, muy chiquitinas y cuando cerraba las alas, parecía que estaba toda vestida de flores. Al verla, a Marianita se le quitó el susto y le preguntó:
_¿De dónde sales?
_¡De la caja,,,! ¿Es que no lo ves?_ respondió el hada pequeñita con cara de asombro.
_Pero… ¿tú quién eres?_ volvió a preguntar Marianita que no se creía que aquello fuera verdad.
Aquella hada chiquitina, la miró un poco fastidiada y le dijo:
-Pero mira que eres torpe, Marianita. Soy el hada de la caja, mejor dicho… soy el hada de los caramelos que había en la caja pero como te los has comido todos, me he quedado sin trabajo porque yo…, para que lo sepas…, le ponía el sabor a los caramelos antes de que tú te los comieras, por eso unos sabía a limón, otros a fresa y otros a menta. ¿Es que no sabes que existe un hada para cada cosa? Pero, ahora, ya no tengo nada que hacer…_dijo el hada entristecida_ por eso, por las noches, me escapo de la caja para encontrar algún caramelo al que pueda llenar de sabor¬_ y al decir esto, el hada chiquitina se puso a llorar y aquí sí que Marianita se quedó perpleja y con la boca abierta porque de los ojos de la minúscula hada, en lugar de lágrimas, caían ¡caramelos muy pequeñitos que al llegar al suelo crecían y crecían hasta hacerse grandes, grandes, llenaban la habitación y le tapaban la boca a Marianita sin dejarla respirar!
Marianita abrió los ojos asustada y se encontró con la cara de su mamá que la besaba y le decía:
_¡Arriba, dormilona…, que es hora de levantarse para ir al colegio!
Marianita se dio cuenta de que aquello del hada de la caja había sido un sueño muy divertido, se desperezó y se levantó, se puso las pantuflas y antes de ir al baño para ducharse, abrió la caja verde redonda que estaba encima de la mesa. Sorprendida vio que dentro quedaba todavía un caramelo pero no se lo comió, era completamente blanco, seguro que aquella hada tan chiquitita todavía no había tenido tiempo de ponerle sabor. Lo guardó otra vez en la caja y la cerró. Pensó que cuando le regalasen caramelos nunca se los comería todos… ¡había que dejarle alguno al hada de los caramelos para que no tuviera que buscarlos por la noche!
Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
MAGDA.