domingo, 1 de enero de 2012

EL CAMELLO ZAHIR


EL CAMELLO ZAHIR

Zahir era el más pequeño de los siete hermanos y aquel año estaba muy alborotado porque ¡al fin! había llegado el momento de servir de montura al Rey Baltasar en el viaje anual de los tres magos de oriente a tierras occidentales para regalar a los niños los juguetes que pidieran.
La mamá camella Doña Zulema era quien estaba más preocupada porque conocía a su pequeño hijo Zahir y sabía que era muy, pero que muy despistado y temía cometiera alguna barrabasada, sin intención, claro está, pero a causa de aquel despiste suyo siempre destacaba en todos los sitios donde iba.
Todas los atardeceres, cuando ya el calor del desierto cedía un poco y las palmeras del Oasis ofrecían una fresca sombra, el gurú de la manada Don Ben Hassan, reunía a los tres camellos escogidos para el trabajo de la caravana de los Reyes Magos de Oriente y les informaba del debido comportamiento y de su cometido. Los camellos Raib y Asir eran algo más mayores que Zahir y desde luego no eran despistados ni atrevidos como él pero tampoco estaban tan entusiasmados como Zahir al que le brillaban los ojos y se le pronunciaba la sonrisa sólo de pensar en su trabajo acompañando al Rey Baltasar.
El día 5 de enero se levantó muy temprano, se lavó, se perfumó con su colonia preferida y después de oír las recomendaciones de su mamá, se marchó muy contento en busca de la caravana.
Todo fue bien en un primer momento mientras hicieron el viaje rápido hasta los países de Occidente, pero al llegar a España, Zahir se olvidó de todas las recomendaciones y cuando se albergaron en un enorme edificio que las autoridades les ofrecieron para que preparasen la cabalgata de la noche y todos los paquetes que debían entregar a los niños, Zahir que observaba las diferencias con su país, pensó en hacer una escapadita, sin que nadie lo advirtiera, para explorar un poco y conocer todas las novedades. Estaban todos tan ocupados leyendo cartas, envolviendo paquetes y apuntando direcciones que nadie observó como Zahir salía a pasear por la ciudad. Todo iba muy bien, admiraba edificios nuevos, miraba escaparates llenos de luces, se fijó en los adornos de las calles, observaba a los niños y pensaba en qué juguete habrían pedido a los Reyes, pero, andando, andando, no se dio cuenta de que se había perdido. ¡Madreeee, qué susto se dio! Comenzó a dar vueltas y más vueltas y siempre acababa en el mismo sitio, definitivamente, estaba perdido.
Mientras tanto, llegó la hora de preparar la Cabalgata y de que los Reyes repartieran los juguetes pero el Rey Baltasar no tenía montura. Se armó un alboroto fenomenal. Todos buscando a Zahir y Zahir no aparecía por ninguna parte hasta que decidieron escoger otro camello que llevaban de suplente por si acaso y cuando llegó el momento, el Rey Baltasar se incorporó a la cabalgata en aquel camello novato que, la verdad, le hizo pasar un mal rato porque no sabía caminar a paso de Cabalgata.
Cuando, después de mirar y comprobar el camino, Zahir llegó al lugar donde estaban acampados, se encontró con que ya el Rey Baltasar estaba sobre otro camello. A Zahir le entró una pena tan grande que se puso a llorar desconsoladamente y el chambelán organizador de la cabalgata al verlo tan triste se conmovió y le dijo:
-No te preocupes, Zahir. Te daremos una misión que seguro te gustará. Ven conmigo.
Se lo llevó a un departamento donde estaban todos los paquetes de juguetes amontonados y le dijo algo al oído. Zahír secó sus lágrimas, sonrió y brillaron sus ojos. Cuando todos volvieron de la cabalgata y comenzaron a cargar los juguetes para salir a repartirlos, Zahir estaba el primero, le pusieron unas alforjas doradas de enormes bolsillos y cargaron unos paquetes que estaban en un lugar donde ponía: “REGALOS ESPECIALES” Al sonar las doce campanadas de la noche en el reloj, emprendieron la marcha por la ciudad. Después de caminar un rato, se detuvieron en un edificio muy grande en donde se podía leer un letrero que decía: HOSPITAL INFANTIL. Con el misterioso silencio con el que actúan los Reyes Magos, Zahir vio como el Rey Baltasar se acercaba y escogía unos preciosos paquetes de sus alforjas, trepó volando hasta las ventanas más altas, entró de manera mágica y allí los dejó uno tras otro. Al volver, le dio una palmadita en el lomo a Zahir y le dijo:
-Ya hemos cumplido la misión de este año. Yo te conozco, eras mi montura ¿verdad?
Zahir estaba tan emocionado que sólo pudo mover la cabeza afirmando y luego dijo avergonzado:
-Siiii… pero salí a pasear sin permiso, me perdí y… he llegado tarde.
El Rey Baltasar sonrió y respondió:
-¡Ay, ay, ay… la curiosidad infantil…! Bueno, no te preocupes, ya estás otra vez aquí.
Zahir se sintió completamente feliz. En realidad no había sido muy malo perderse por la ciudad.
A la vuelta hasta Oriente de nuevo fue la montura del Rey Baltasar que le explicó unos cuentos muy bonitos mientras duró el camino y cuando llegaron al desierto y fue a su casa, pasó una semana entera explicando sus aventuras hasta tal extremo que, cuando sus hermanos le veían, escapaban porque ya estaban hartos de oír sus historias, la única que siempre le escuchaba con una sonrisa era su mamá.
FIN
MAGDA.-
(Primer cuento del 2012)

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