jueves, 19 de enero de 2012

EL REY MAGO CRISPÍN



DEDICADO A MI HIJO JUAN-CARLOS.

EL REY MAGO CRISPÍN

La Escuela de los Reyes Magos de Oriente, estaba llena a rebosar. Ser Rey Mago era algo a lo que todos aspiraban y el que más y el que menos, procuraba buscar sus influencias para poder ocupar una plaza en la Escuela.
Crispín tuvo la suerte de ser admitido en uno de los sorteos que el Ayuntamiento de El país de los Reyes Magos de Oriente acostumbraba a hacer cada año cuando comenzaba el curso para que todos sus habitantes comprendidos entre los 15 y 20 años pudieran optar el día de mañana a un puesto de Rey Mago.
Crispín estaba de lo más contento cuando le concedieron la plaza en la Escuela y daba unos brincos de alegría que llegaba hasta el techo, sin embargo, la mamá de Crispín estaba un poco preocupada porque de los cuatro hijos que tenía, Crispín era quien le ocasionaba más problemas. Su hijo Crispín era lo que se ha dado en llamar “un pasota”. Le daba lo mismo una cosa que otra, se ponía la ropa que más le gustaba en el momento que se le antojaba aunque no fuera el oportuno, no se preocupaba si se ponía el jersey del revés y no tenía más gusto que llevar los calcetines agujereados. Decía que así se le ventilaban los pies y no había nadie que lo hiciera cambiar de idea, ni siquiera las lágrimas de su madre que cuando veía aquellos zancajos, se le encogía el corazón de vergüenza y dolor. Pero hemos de decir también que, Crispín, era el chico más feliz, bueno y simpático del mundo, siempre estaba sonriente y verlo tan optimista hacía feliz a todo aquel que se encontraba a su lado. Le entusiasmaba el detalle más insignificante, era dichoso hasta mirando volar una mosca. Como hemos dicho, siempre sonreía y además era muy ayudador. Todos sabían que si se encontraban en un apuro, podían acudir a Crispín porque él, removería tierra y cielo para arreglar aquel entuerto que le presentaban y, lo curioso e importante, es que, casi siempre, lo conseguía.
Cando comenzaron las clases para ser Rey Mago todos se sentían nerviosos, preocupados por si no podían dar la talla en los estudios pero Crispín, con las manos en los bolsillos, se paseaba silbando tan feliz como si ya hubiera conseguido la corona. El decía que llegaría a ser Rey Mago y tenía tal seguridad que nadie lo ponía en duda, tanto es así que hasta los profesores no fueron capaces de suspender sus emborronados exámenes que, todo hay que decirlo, acostumbraban a tener un resultado correcto aunque nadie sabía cómo lo conseguía. Total, que Crispín logró tener su birrete de Rey y lo coronaron como ayudante de Melchor, el Rey más viejo y más severo.
Todos creían que Crispín iba a durar de ayudante lo que se tarda en dar un suspiro. Perdía las cartas de los niños, se olvidaba de los juguetes que pedían y en lugar de poner una muñeca a una niña, le ponía el fuerte de los Airgam Boys y a su hermano una muñeca con su cocinita. A un papá le ponía una bolsa de labores y a la mamá una pipa y así gazapo tras gazapo, sorprendía a todos con sus torpezas que luego, eran unos aciertos estupendos porque todos reían y decían que el Rey Mago se había equivocado y acababan cambiándose los regalos cosa que era muy divertida. Esta actitud simpática de Crispín, sus despistes, sus detalles espontáneos, fueron para la vejez del Rey Melchor como una ráfaga de aire fresco en el desierto y se reía tanto con él, que llegó a cogerle un gran cariño hasta el extremo de nombrarlo suplente para cuando él estuviera muy cansado y necesitara echarse una siestecita.
Por eso, si alguna vez, en un regalo de Reyes encontráis lo que no habéis pedido con la firma de una corona pequeñita y una C muy grande, no le deis vueltas a la cabeza para adivinar que Rey puede ser porque ya os digo desde ahora que es el ayudante de Melchor, el despistado Rey CRISPÍN, el más simpático de los Reyes.- MAGDA.

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