sábado, 8 de septiembre de 2012

EL DUENDECILLO DE COLOR ROSA




Dedicado a mis nietas Sara y Maritxu.
                                   EL DUENDECILLO DE COLOR ROSA

      Había una vez una niña que se llamaba Irisada porque cuando nació, a su mamá le pareció que tenía todos los colores del arco iris y pensó que aquel nombre le iba muy bien.
      Irisada creció con un gran amor hacia todos los colores pero el que más le gustaba entre todos, era el color rosa y todas las noches cuando llegaba la hora de irse a dormir se ponía un camisón rosa, un gorrito de lana de color rosa y unos calcetines rosas y se iba a la cama diciendo que ella era el duendecillo rosa.
     Irisada, además de gustarle mucho los colores, tenía una gran imaginación y cuando se acostaba, siempre le  decía a su mamá que se iba a jugar al bosque de los enanos rosas aunque eso era una verdad inventada, sólo estaba en su cabecita. Pero, un día, en el momento de arroparse con el edredón y cerrar los ojitos para empezar a soñar, se encontró en un bosque muy grande, muy grande donde todas las flores eran de color rosa. Estaba rodeada de personajes minúsculos vestidos de rosa lo mismo que ella, con el camisón, el gorrito y los calcetines y todos, agarrados de la mano formaban un corro alrededor de Irisada, mientras cantaban y reían sin parar.
     La niña se puso muy contenta entre aquellos duendecillos tan simpáticos y alegres vestidos de rosa como ella y comenzó a saltar y a cantar, dar palmas y reír. Sin embargo, se dio cuenta de que aquel baile aquella música y aquella risa, no paraba nunca. Comenzó a entrarle sueño, luego hambre y más tarde un cansancio muy graaande muy graaande y sólo quería dormir, pero los duendecillos rosas, no se lo permitían, seguían bailando y cantando a su alrededor sin demostrar cansancio.
     Seguía y seguía la música y los cantos hasta que, Irisada, se sintió tan cansada, que se puso a llorar. Al verla llorando con aquellas lágrimas tan gordas que parecían cubos de agua, los duendecillos rosas, que no sabían cómo eran las lágrimas porque ellos no lloraban nunca, escaparon corriendo cada uno a su madriguera y la niña se encontró sola y en silencio. Como tenía mucho sueño, se acurrucó entre unas flores rosas, se cubrió con una hoja muy grande y se quedó dormida.
     Por la mañana, cuando su mamá la despertó para ir al colegio y le explicó el sueño, se dio cuenta de que no siempre es agradable jugar y saltar y correr y reír y cantar, también es bonito, pararse a leer, a estudiar, a desayunar despacio, a ir al colegio con otros niños y a escuchar los consejos de los papás.
      Y así fue como Irisada, la niña que le gustaba ser un duendecillo rosa, aprendió a inventarse cuentos y a soñar, pero sólo, sólo, cuando se iba a dormir, durante el día se comportaba como una niña estudiosa, tranquila y obediente…, aunque nunca olvidó el bosque rosa de su sueño y, antes de dormir…, cantaba un ratito la canción de los duendecillos. Eso, la hacía sentirse feliz hasta que llegaba el sueño y le cerraba los ojitos. – MAGDA.

1 comentario:

Baby Peach dijo...

Muy bonito el cuento de "El Duendecillo de color rosa". Me encanta el espacio que tienes para escribir^^
Saludos!