martes, 2 de octubre de 2012

LOS DUENDECILLOS RAROS



                                             LOS DUENDECILLOS RAROS

      En un bosque muy grande, muy grande, vivían unos duendecillos que a todos los demás habitantes del bosque les parecían muy raros porque en lugar de pelo, tenían una fregona. A estos duendecillos no les importaba tener el pelo así y, como eran muy alegres, se pasaban el día riendo y explicándose chistes mientras cantaban y bailaban.
       El más listo de todos, el más alegre y el más curioso que se llamaba Pitufillo y tenía como pelo una fregona amarilla, quiso saber por qué ellos eran diferentes y tenían aquellos pelos  en lugar de un cabello bonito para poder ponerse los gorritos y estar siempre guapos. Un día en el que estaba un poco serio, se lo preguntó a su mamá:
-Mamá, mamá. ¿Por qué nosotros tenemos unos pelos de fregona y los otros enanos no?
- Eso es por algo que sucedió hace mucho, mucho tiempo y sólo puede explicártelo el duende sabio Simeón, el que tiene guardado el libro donde se explican todas las cosas sucedidas.
       Después de pedirle permiso a su mamá, un domingo por la mañana, Pitufillo  guardó un bocata de mermelada de moras en su mochila  y con ella al hombro, partió camino de la cueva de los grandes sabios donde vivía el duende Simeón.
       Iba silbando por el camino muy contento y sonriente mientras veía volar a las mariposas, abrirse las flores y oír los trinos de los pájaros  hasta que llegó a la montaña donde se encontraba la cueva de los duendecillos sabios. Escribió en un papel su deseo de hacer una pregunta para saber más y cuando le permitieron pasar a la sala de los secretos bien guardados, se quedó asombrado. Todas las paredes estaban cubiertas por unas estanterías llenas de libros que ocupaban la habitación y en el centro, sentado a una mesa, leyendo un libro, grandote, grandote, un duende vieeeejo, vieeeejo, que en lugar de pelos tenía en la cabeza una mopa de encerar el suelo, estaba Simeón, el duende más sabio y más raro de todos.
-¿Qué es lo que quieres saber, Pitufillo? – le preguntó el duende mientras se quitaba las gafas que eran como dos margaritas.
- Señor Simeón, me gustaría saber por qué nosotros, los duendecillos del Bosque Raro, tenemos pelos de fregona en lugar de unos cabellos sedosos y rubios como otros duendecillos.
-A ver, a ver…, Eso sucedió hace mucho tiempo. Tengo que buscar el libro donde lo explica.
     El duende sabio dio dos palmadas y apareció su ayudante, un duende muy feeeo, muy feeeo, con una nariz enoooormeeee que tenía en la cabeza un plumero hecho de plumas de colores en lugar de pelos. Pitufillo se quedó estupefacto cuando lo vio, nunca había visto nada igual pero no dijo nada porque hubiera sido de mala educación y, además, el duende ayudante, tenía cara de muy malas pulgas.
     El sabio Simeón  sujetó los flecos de la mopa que tenía como pelo con un clip por encima de las orejas para poder leer con claridad y después de ponerse las gafas de ver que esta vez eran dos campanillas azules, comenzó a pasar hoja tras hoja del libro grandote. Cuando terminó le dijo a Pitufillo:
-Pitufillo, hace mucho tiempo, mucho tiempo, vivía entre nosotros una bruja muy poderosa pero también muy fea que llevaba puesto un sombrero muy grande porque era completamente calva. Nuestros duendecillos más curiosos, un día, quisieron saber por qué nunca se quitaba el sombrero y, cuando estaba tomando el sol junto al río, sin que se diera cuenta, le quitaron el sombrero a la bruja que dejó ver su cabeza monda y lironda. Todos los duendecillos comenzaron a reír y a decir: “La bruja no tiene pelo, la bruja no tiene pelo…”
      La bruja se enfadó tanto y quedó tan avergonzada que sacó la varita mágica del bolsillo y dando unas cuantas vueltas en el aire, dijo muy enfadada:  “¡Juas,juas. Abracadabra de nuncajamás, nilospelosyaverás” Los duendecillos traviesos huyeron a su casa despavoridos y, al día siguiente, cada uno de ellos tenía en su cabeza una fregona en lugar de pelo. Desde entonces, nunca jamás hemos vuelto a tener un pelo hermoso, sólo mochos de fregona, plumeros o mopas y siempre estaremos así hasta que alguien se arrepienta sea valiente y se atreva a pedir perdón a la Bruja Calva.
      El duende sabio Simeón cerró de golpe el libro donde están escritos todos los sucesos, le dio a Pitufillo un caramelo de fresa y se fue a su departamento para escribir los sucesos del día.
      Pitufillo volvió a su casa pensando en todo aquello que le había dicho el sabio Simeón y al pasar por la puerta de la casa de la Bruja Calva, se acercó y llamó a la puerta.
-Pase, pase que la puerta está abierta – oyó decir Pitufillo.
      Cuando entró, muy despacito porque estaba un poco asustado, se encontró en un salón muy boniiiito, con la chimenea encendida, alfombras y butacas muy cómodas y una mesa con unos platos que tenían bizcocho, galletas y una jarra de leche. Junto a la ventana, la bruja calva estaba sentada limpiándose las lágrimas y los mocos con un pañuelo de papel que luego tiraba en un saco lleno hasta arriba de pañuelitos usados porque desde que descubrieron que era calva, no había parado de llorar.
-Hola –dijo Pitufillo un poco temeroso – soy Pitufillo, uno de los duendes con pelo de fregona.
-¡Ah, ya….! ¿Y qué quieres, volver a reírte de mí? – dijo la bruja sonándose la nariz.
-¡Nooo, noooo! – respondió Pitufillo – Señora bruja, sólo vengo a pedirle perdón en nombre de todos mis hermanos duendecillos. Nosotros no somos malos y seguro que nadie quiso reírse de usted porque… no tenía pelo… pero algunos duendecillos son traviesos y luego se arrepienten. Por favor, señora bruja, yo le pido perdón por lo que hicieron mis hermanos aquel día,  le prometo que no volverá a suceder nunca más.
    La bruja calva, apartó el saco de pañuelos usados, se levantó de la silla y muy sonriente, le dio un besazo y un abrazote fueeeerte, fuerte a Pitufillo mientras lo invitaba a comer el bizcocho con un vaso de leche.
    Pitufillo y la bruja calva, se hicieron amigos, estuvieron charlando y riendo mientras desayunaban hasta que se cansaron y cuando ya, Pitufillo, volvía a su casa silbando una canción, notó como su cabeza le picaba, algo raro sucedía y cuando llegó a su bosque, encontró a todos bailando y riendo y… ¡más guapos que nunca porque todos, todos, tenían pelo otra vez! Al mirarse en el espejo, Pitufillo vio como él tenía una pelusa rubia llena de bucles muy bonitos y también se puso a bailar.
  Pitufillo se hizo muy famoso y le nombraron Presidente de Honor del Pueblo de los Duendecillos Raros  y, desde aquel día, todos los meses se acercaba un domingo por la mañana a casa de la Bruja Calva para desayunar con ella, explicarse chistes y cantar y bailar un rato.
   Y así, todos fueron muy felices. MAGDA.


            

No hay comentarios: