domingo, 19 de febrero de 2017

EL POLLITO DE LA GALLINA MAGDALENA

                    EL POLLITO DE LA GALLINA MAGDALENA
 
Ya se había terminado el tiempo en el que los humanos se comían a todos los pollos, lechones y patos de las granjas. Por fin, podían estar tranquilos otra vez y pasear cacareando o gruñendo por el corral en busca de gusanitos, piedritas y bichos de todo tipo. La primavera se adelantaba y el sol lucía y templaba el ambiente. El cerdo Hermenegildo, dormitaba roncando al lado de la cochiquera, mientras los rayos del sol coloreaban su piel con un rojo claro. Los patos, las ocas y las gallinas, paseaban arreglando sus plumas  menos la gallina Magdalena que no abandonaba el nido donde seguía creciendo su único pollito.
Un día, cuando se despertó, vio como el pollito había crecido tanto, tanto…, que  el nido se le había quedado pequeño  y ya no tenía sitio ni para dormir. La cabeza le quedaba colgando y las patas con aquellos tres enormes dedos las doblaba como podía para que no tocaran el suelo. Cuando lo vio, a la gallina Magdalena le dio un ataque de nervios y salió al corral con una llantina histérica mientras cacareaba gritando:
¬¡Mi pollito es un gigante… mi pollito es un gigante…!
Y daba vueltas y vueltas por el corral despertando a todo el mundo que tomaba el sol tranquilamente.
El cerdo Hermenegildo no lo aguantó más, se puso de pie y con un gruñido que parecía de oso, gritó enfurecido:
¬ ¡Pero qué le pasa a esa gallina loca! No nos deja descansar ¡Venga, vete al nido ya de una vez, escandalosa!
Las ocas se juntaron en corrillo y comenzaron a graznar diciendo: ¡¡Fueraaa, fueraaa!! Los patos comenzaron a pelearse entre ellos y se hacían la zancadilla para tirarse al agua  y los conejos daban unos saltos que parecían canguros. ¡Madreeee la que se armó! ¡Menudo guirigay!
 Al oír el alboroto, la Jesusa salió de su casa, cogió a la gallina Magdalena primero por las alas, luego le dio la vuelta y la agarró por las patas y la dejó colgando cabeza abajo mientras la Magdalena muy enfadada, intentaba picarle en la mano.

¬¡¡Sí, a mí me vas a picar, anda ya, que me tienes muy cansá… siempre alborotando con tus pollos. Si no fuera por esos huevos que pones tan buenos…
Cuando la Jesusa  llegó a la caseta donde la gallina Magdalena tenía el nido, a la Jesusa casi le da un soponcio, soltó a la gallina que revoloteó por todas partes soltando plumas y más plumas al tiempo que chocaba con un lado y con otro sin parar de cacarear. La Jesusa echó a correr llamando al Simeón con unos gritos que asustaban más que los de la gallina Magdalena y agitando los brazos, decía:
¬¡Simeón…Simeón… Que el pollo de la Magdalena ha crecido  tanto que ya no pué caber en la jaula…¡  ¡¡Que es un gigante!!!  ¡Ven, corre, corre!
Simeón se acercó poco a poco al nido con la escopeta en la mano y en la otra llevaba el móvil por si era necesario llamar a la Guardia Civil aunque no sabía cómo se hacía pero, bueno, ya le oirían si era necesario. Poco a poco, abrió la puerta de la caseta y cuando vio aquel enorme pollo  que lo miraba con cara de tontorrón, dijo:
¬¡Madreeeeee…..!  ¡Qué bicho…! ¬ Se quedó un rato parado con la boca abierta, sin saber qué hacer y dándose la vuelta, echó a correr sujetándose los pantalones que se le caían al suelo porque con las prisas no se había puesto los tirantes, mientras decía:
¬¡Hay que llamar al veterinario….esto es un monstruo! ¡Don Justiniano…Don Justiniano…!!
La Jesusa que salió corriendo detrás de él, le decía a voz en grito:
¬¡Pero por qué llamas al Justiniano a gritos. Que no te oye, soplagaitas! ¿No ves que está en el hospital de las bestias? Hora voy a buscarlo.
Al ver aquella zapatiesta, se organizó la desbandada. Todos echaron a correr. Cada animalito se fue, empujándose unos a otros hasta su agujero,  atentos a lo que pudiera suceder mientras todo el corral oía el llanto desesperado de la gallina Magdalena que decía:
¬¡Ayayayay…. Qué habré hecho yo para merecer estooooo!!!
Con todo el jaleo que se armó la cabra vidente y cojitranca Doña Pelele, consiguió subirse a una roca y comenzó a hacer unos sahumerios quemando hojas de eucalipto y de laurel mientras canturreaba unos mantras ¡muamuamuamaaaa!! mirando al cielo con los ojos en blanco que a todos los dejó patidifusos. No quedó ni uno en el corral. Cada cual se escondió en el rincón más apartado pero con la oreja tiesa escuchando a ver qué pasaba por si tenían que huir a toda prisa hacia el bosque.
Al rato, llegó el veterinario Don Justiniano con su maletín, un poco cabreado, eso sí, y al ver al pollo, soltó una palabrota que no me atrevo a escribir y añadió: ¬ ¡¡¡¡ …. Cómo ha crecido este pollo. Es un hermoso ejemplar de avestruz! ¡Caramba…. Simeón…. Te vas a hacer rico con este pájaro! ¡jajajajaja! Vamos a llamar a la protectora de avestruces especiales que tiene la sede en Australia y lo celebramos con una merendola. ¡Ya verás, ya verás! Te vas a forrar, macho¬ le dijo palmeando su espalda ¬Este ejemplar vale una millonada ¡!!
El silencio más absoluto se hizo en el corral de la Jesusa, se miraron unos a otros con la boca abierta y buscaron un rinconcito al sol para seguir con la siesta mientras la cabra vidente y cojitranca Doña Pelele apagaba los sahumerios y se marchaba a su casa con una varita de incienso encendida y murmurando nosequé historias ininteligibles.
La gallina Magdalena se atusó las plumas y se marchó a buscar a la comadreja Nievitas porque creía que ella tenía algo que ver en aquella sorpresa de que de su huevo saliera un pollo de avestruz. ¡Sí…sí…! A ella no se la daba con queso aquella comadreja enredona.
Pues así se quedó todo. Ya me enteraré… a ver qué pasa al fin con el pollo de avestruz. ¿Se lo llevarán a Australia?

Bueno… Yo también me voy a tomar un baño de sol que es bueno para el reuma. ¡Adiós amiguitos! -  MAGDA

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