miércoles, 15 de febrero de 2017

LA GALLINA MAGDALENA

                                    LA GALLINA MAGDALENA
 
La gallina Magdalena se levantó muy triste aquella mañana. Había puesto cuatro huevos hermosos y pardos que Jesusa, la dueña de la granja, se apresuró en cogerlos de la paja todavía caliente y se los llevó a la cocina para hacer una tortilla.
La gallina Magdalena tenía ganas de llorar porque estaba muy sola y le hubiera gustado tener unos cuantos pollitos que la siguieran cuando salía a comer lombrices, semillas y piedritas -que de todo había- por los campos alrededor del corral. Ya se estaba haciendo un poco vieja y veía como las plumas comenzaban a mustiarse y perdían aquel brillo de color cobrizo tan bonito que tenían cuando era joven.
Tiraba de una lombricilla que estaba escondida entre dos piedras pequeñas cuando oyó una voz que la llamaba desde no sabía dónde. La gallina Magdalena, sorprendida, miró a derecha e izquierda mientras levantaba una pata dispuesta a echar a correr y vio a la Comadreja Nievitas acurrucada entre los troncos que, Simeón, el marido de Jesusa la granjera,  tenía apilados en la leñera para cuando llegara el invierno.
¬¡Eh.., eh…! Magdalena… ¡chisss.! ¡chisss!  Estoy aquí… ven,…
La gallina Magdalena, se acercó para escuchar los enredos de la comadreja que siempre tenía algo raro que contar.
¬Mira Nievitas, hoy no estoy para muchas historias, estoy muy depre…
¬¿Y eso por qué…?
¬ Mira mujer…. ¿no ves como me estoy haciendo de vieja? Se me caen las plumas y sólo sirvo para poner huevos que la gorda de la Jesusa la Granjera se lleva corriendo todas las mañanas para hacer una tortilla. ¡Ay… Nievitaaaasssss! ¡Me gustaría tanto tener unos cuantos pollitos para sacarlos a pasear…!
Nievitas, la comadreja, la miró muy extrañada porque no comprendía por qué echaba de menos a unos pollitos que nunca había visto pero al ver cómo le caían unas lágrimas de aquellos ojos redonditos y pequeños, le dio un poquito de pena. Se relamió un par de veces para dejar tiesos los bigotes y le dijo a la gallina:
¬ ¿Sabes qué? Magdalena, tu vas a tener pollitos como me llamo Nievitas porque no quiero verte llorar ni una vez más.
Agarró de un ala a la gallina Magdalena y la llevó corriendo a la Granja de los Ambrosios que era una granja muy destartalada, sucia y descuidada donde vivían una familia muy rara que se pasaban el día durmiendo y la noche robando gallinas de otros gallineros.
Magdalena, que era una gallina muy modosita, al ver hacia donde se dirigían, le dijo a la comadreja:
¬ Oye Nievitas… yo no quiero ir a esa casa que…
¬ ¡Venga…, no seas tonta!¬ le dijo Nievitas tirando de ella por una de las plumas medio pelada del ala.
¬ ¿Y si me cogen para hacerme en pepitoria…?
¬ ¡Pero qué dices…! Si estos no son capaces de freír un huevo…
En cuanto dijo eso, Nievitas se dio cuenta de que había metido la pata porque, la gallina Magdalena, al oír aquellas palabras, se puso otra vez a llorar, como lo que era, una Magdalena.
¬ No hagas ruido¬ dijo Nievitas la comadreja mientras despacito y en silencio se acercaba a un corral lleno de basuras donde, en un cesto lleno de paja vieja y sucia, se encontraban cuatro hermosos huevos.
¬ Chist… Tú coge dos y yo llevo los otros dos.
Con mucho cuidado y temblequeando, Magdalena cogió los dos huevos marrones más gordos que había visto en su vida y sin mirar  atrás  echó a correr hacia su corral. Subió corriendo hasta su cesto que ya había limpiado la Jesusa y puso los dos huevos entre la paja. Cuando ya se sentaba encima de ellos para darles calor, llegó la comadreja Nievitas con los otros dos huevos que puso a buen recaudo, debajo de su amiga la gallina Magdalena.
¬¡Buffff…! Magdalena hija…. ¡Me has dejado sin resuello! ¡Qué manera de correr!¬ y diciendo esto, se tumbó panza arriba para recuperarse.
Unos días después, la Gallina Magdalena sudaba la gota gorda sin moverse de encima de los huevos hasta que, aquella mañana, sintió un picotazo, miró con mucho cuidado a los huevos y vio como unas cositas pequeñas, despeluchadas, rompían el cascarón e intentaban ponerse de pie.
No podéis imaginaros lo contenta que se puso la Gallina Magdalena… Saltaba, bailaba y cacareaba como una loca. A los pollitos pronto les comenzó a salir un plumón amarillo muy suave, muy suave y cuando comenzaron a dar pasitos, Magdalena se los llevó a ver a la Comadreja Nievitas que se puso muy contenta y les regaló unos sombreritos que había tejido con el pelo de invierno que perdió durante el verano.
La Comadreja Nievitas y la Gallina Magdalena, se hicieron muy amigas y en verano se iban a bañar al río donde, Nievitas enseñó a bucear a los pollitos mientras Magdalena los esperaba en la orilla cuidando las toallas.
Y colorín colorado…. Se acabó. -  MAGDA.




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